Hoy he finalizado el día con la mente  en blanco, para no desentonar con el paréntesis veraniego que nos tomamos durante el mes de agosto. A fuerza de relajar nuestra cerebro aumentamos el riesgo de olvidarnos que a  nuestra dignidad como país le queda poca vida, y muy pronto seremos definitivamente devorados por los poderosos y especulativos mercados financieros. Hemos vendido nuestra alma al diablo, y por mayoría absoluta, y dejado de ser los dueños de nuestro propio destino. Don dinero lo puede todo, y ni las pocas fuerzas que nos quedan serán capaces de plantar cara a tanto desatino.

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