Convertir en titular la primera impresión personal tras escuchar a Mariano Rajoy puede no ser muy acertado pero es lo más realista para transmitir un sentimiento de frustración. Quien sistemáticamente miente, tergiversa, manipula y distorsiona la realidad con el único objetivo de engañar a los ciudadanos para preservar su “integridad” solo merece desprecio.

Hoy nos ha vendido su derrota humillante en Europa como un triunfo, y escuchándole parecía el estadista que había conseguido consensuar las soluciones para salvar Europa, sin reconocer que se tuvo que arrodillar ante los dirigentes europeos con el objetivo de conseguir dinero para salvar a nuestra banca, a cambio de verse obligado a tomar durísimas medidas de las que seremos víctimas todos, menos los más poderosos y los defraudadores.

Muy recientemente, antes de desplazarse a Polonia para asistir a un partido de fútbol por “obligación” institucional, en su empeño de decirnos “siempre la verdad” nos afirmaba categóricamente que el crédito a los bancos no repercutiría en el defícit y que no habría condiciones para su concesión. Ahora ya sabemos que nos mentía de nuevo, y la cruda realidad es que subirá el IVA al 21%, lo que supone un aumento de más de un 10% respecto del anterior del 18%, que afectará, como siempre, a las clases medias; lo que para el propio Montoro  supone una catástrofe para el crecimiento y la creación de empleo, como recientemente nos afirmaba con su sonrisa burlesca, que ofende a quienes le escuchan, conscientes de que es un mentiroso compulsivo.

Demonizar a los funcionarios, como hace constantemente Rajoy, es uno de los males de nuestro presidente, y muy pronto sufrirá las consecuencias por ello. Podemos estar de acuerdo en que es preciso exigir mayor eficiencia, pero pretender convertirles en uno de sus objetivos para encubrir su fracaso es la peor solución posible. Golpeados por una reducción de salarios, ahora también serán castigados con la supresión de la paga de Navidad, lo que repercutirá muy negativamente en el consumo durante las fiestas de fin de año, que afectará de manera directa a las maltrechas economías de los comerciantes y repercutirá muy negativamente en los ingresos estatales, especialmente en el IVA que ahora se aumenta de forma muy drástica. Y en 2013 seremos más pobres que ahora, pero menos que en el 2014.

Pero los parados, principales víctimas de la crisis económica que ellos no han provocado, no quedan indemnes de tanto desatino y verán reducidas sus prestaciones por desempleo a partir del sexto mes. Y al  mismo tiempo Rajoy reconoce que no se creará empleo en los próximos meses y es más que probable que suba el paro, por lo que todo irá a peor.

Eso sí, ni  una sola propuesta sobre inversión productiva, no se ha escuchado en su discurso la palabra “intervención”,  no parece estar dispuesto a investigar el fraude fiscal, y ni tan siquiera ha tenido la delicadeza de acordarse de los mineros que hoy son el foco de atención en la capital. Rajoy se ha convertido en una máquina de destruir todo lo bueno de nuestro país, como si de un maleficio se tratara.

Todo su discurso contrasta con las iniciativas de Hollande, que ha decidido no subir el IVA y aumentar los impuestos a los más ricos; y las propuestas de Obama, que ha decidido bajar los impuestos a las clases medias y compensar la pérdida de ingresos subiendo los impuestos a los más pudientes.

Por las veces que se ha trabado al leer su discurso, podemos asegurar que se lo han escrito, muy posiblemente desde el exterior; Rajoy no es el mismo cuando habla que cuando lee, y eso se nota demasiado. Pero con la excusa de la crisis económica está consiguiendo imponer las políticas más reaccionarias de una derecha que no cree en los ciudadanos, y solo defiende sus intereses personales. Pronto le tocará a las Autonomías, y alguna frase ha dejado caer; ¿alguien lo duda?.

 

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