Durante el viaje realizado a la India el pasado mes de marzo, aprovechando nuestra estancia en Agra dedicamos una mañana a visitar un barrio situado junto al río Yamina, en el que sus habitantes tienen montado todo un negocio de lavandería. Con un día soleada, resultó todo un placer reflejar en nuestras instantáneas el colorido de los saris, como podéis observar en este reportaje
Proximamente compartiré con todos vosotros algunas fotos realizadas por la calles del barrio, en el que fueron recibidos por sus habitantes con gran hospitalidad.















junio 20th, 2012 on 3:50
¡Qué belleza, Fernando! Esta noche seguro que sueño con ese río y esas telas. Gracias por darme gusto.
junio 22nd, 2012 on 9:08
yo no veo belleza, lo primero que pienso es en el agua extremadamente sucia y lo duro que es trabajar en estas condiciones.
junio 22nd, 2012 on 16:23
Hay evidencias innegables, lourdes.Lavar en esas condiciones no es cosa fácil. Al menos para mí.
No obstante,el agua evoca ideas estimulantes.
Nos trae a la cabeza el frescor de las aguas en un día de sofocante calor. O un buen chapuzón mañanero tonificante para cuerpo y alma. Fíjate lo contaminado que está el Mediterréneo y lo placentero que resulta darse un baño en sus aguas. ¡A saber la suciedad que contienen!
El río lleva encima una historia inabarcable que despierta la imaginación.
A lo largo de su vida ha sabido buscarse bujío salvando escollos increíbles para poder llegar hasta el sorprendente y alucinante y maravilloso final.
Y a mí me inspira poderío. El que le da el hecho de poseer la libertad de ir hacia dónde pretende sin que nadie le ponga el pie delante. Aunque, en ocasiones, le hayan hecho desviarse de su cauce…
La policromía de esas telas…sus diseños…Me imagino la sensación al tacto y me encanta.
Y la luz…ante este entoldado gris que tengo encima durante toda la primavera me parece que tiene la luz un valor impagable.
Y es cierto que es duro trabajar en esas condiciones. Es duro objetivamente. Sin embargo, esas gentes que vemos hacer el trabajo con tal naturalidad probablemente no percibirán la dureza como lo hacemos nosotros cuando nos ponemos en su piel. Porque efectivamente, Lourdes,no aguantaríamos un asalto en esas condiciones. No digo yo que no agradecerían poder hacer la misma labor de forma más cómoda. Pero el que ignora el confort no sufre igual de su carencia. Lo que no justifica para nada los desajustes, desigualdades e injusticias que salpican (más bien embadurnan) nuestro maltrecho mundo. Añadir, además, que hoy es difícil ignorar que existen otras formas de vida más fáciles. No sé si mejores….
Pueden coexistir, en un mismo marco, la belleza de la vida y la dureza de la misma. Creo yo…
junio 22nd, 2012 on 22:55
Tremendo tu despliegue verbal, me he quedado apabullada.
junio 22nd, 2012 on 23:03
Vamos, lourdes… Apabullada tú?? Me rompes los esquemas. No imaginaba yo así la ironía en Cataluña. Claro que como tú eres medio astur…tal vez se explique…
junio 23rd, 2012 on 0:36
Victoria has estado espléndida.. Me han encantado tus palabras.
junio 23rd, 2012 on 16:30
Fernando, dice mi autoestima que gracias por el refuerzo.
junio 23rd, 2012 on 19:07
El refuerzo ¿Victoria? El refuerzo es el que tú nos haces.
Qué se le va a hacer?. Así es el arte y la belleza: encubre y revela.
junio 23rd, 2012 on 22:58
Hola, Inés! Me alegra verte. Tenemos que sincronizar “la llamada de SLV”.
“El arte encubre y revela.” Tú sí que sabes poner el acento en su sitio. Este aserto habría sido una aportación importante para un debate que suscitó hace años un comentario de Silvia en SLV, sobre la función social del arte. Tú no sabes hablar sin decir nada, Inés. No podrías pertenecer a la llamada “clase política”…Afortunadamente.
junio 26th, 2012 on 2:58
Las fotografías son preciosas.
Cómo algo tan cotidiano y sencillo, lo convierten en un ritual, en una explosión de color, formando un hermoso colash difícil de igualar.
No cabe duda que estas gentes tienen una vida dura, pero no creo que sea esta tarea precisamente, la que contribuya a ello, sino todo lo contrario.
En nuestro mundo gris donde los “trapos sucios se lavan en casa”, resulta difícil entender esa falta de falso pudor para airear la suciedad, y compartir el mismo agua para limpiarla.
No creo equivocarme al pensar que esas personas a pesar de sus penurias, son más felices que muchas de esta parte del planeta en la que estamos, quizá, porque lo único que nos preocupa, es perder lo que nos sobra.