La  libertad individual de cada internauta me merece el máximo respeto, pero ello no me impide criticar las actitudes de algunos que sólo se  movilizan y piden la solidaridad de los demás cuando pueden verse afectados sus propios intereses. En las últimas 24 horas, coincidiendo con el paro convocado para denunciar la intención de twitter de limitar de forma selectiva el derecho a la libertad de expresión, imponiendo la censura a todos aquellos mensajes que no se consideren adecuados, hemos podido observar cómo los “gurús” de internet, aquellos que se sienten influyentes  ante los internautas, y que no trabajan gratis, no solamente han mantenido una postura pasiva ante tal protesta, sino que han intentado disuadir a quienes la secundaban. Al fin y al cabo lo único que está en juego es el derecho a la libertad de expresión, y cualquier limitación parece no afectarles a su negocio, que es lo único que les preocupa en una sociedad en la que se imponen los intereses a los principios.
Lo curioso es que esos mismos “gurús” son los que defienden la cultura gratis para todos, los que justifican que algunos se apropien y comercialicen la creatividad  de los demás,  los que solo defienden la propiedad intelectual cuando les afecta a ellos, los que han encabezado el movimiento contra la Ley Sinde bajo la excusa de que se está poniendo en peligro la libertad de expresión; y los mismos que se rasgan las vestiduras cuando se cierra una página en la que se practica la piratería. La libertad de expresión es un derecho universal que debe ser igual para todos, y si se limita en razón a la imposición de cada país, se está practicando una censura selectiva que merece una repulsa igualmente universal.
El tiempo pone a cada uno en su sitio, y las últimas 24 horas han servido para comprobar lo que cada uno defiende en internet. Y los que, al margen de intereses económicos y/o personales,  creemos de verdad en la necesaria defensa de  la libertad de expresión, hemos estado  a la altura de las circunstancias.

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