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Vivir y solucionar nuestros problemas cotidianos no es tan complicado, solo necesitamos buena conciencia para resolverlos en común y ganas de trabajar en grupo; hacer lo contrario, al margen de ser un grave error colectivo, es el peor camino para decidir nuestro futuro.
Hace unas horas veía un reportaje grabado en un islote cercano a la isla de Kodiak, en Alaska, en el que un matrimonio desarrollaba su vida en solitario en una superficie de 10 hectáreas que habían adquirido por 90.000 euros (la mitad del precio de un piso de 80 m2), combinando las nuevas tecnologías para obtener energía eléctrica con el cultivo de la tierra de forma tradicional; y en una escena, mientras él serraba unos troncos para construir una cabaña, ella estrenaba su nuevo horno para cocer el pan, construido artesanalmente con arcilla; y por un momento les envidié. Decían que el único peligro al que estaban sometidos era la llegada a nado de osos polares procedentes de islas cercanas, pero que nunca habían tenido ningún problema con ellos.
Vivir en libertad, sin ataduras ni condicionamientos, no tiene precio. Pero no me estoy refiriendo a la libertad en la que vivimos, sino a otra muy distinta, como aquella que puede disfrutar un frailetillo en las zonas árticas o subárticas, alejada de la contaminación que produce una sociedad corrupta y conflictiva. En la nuestra prima el insulto y la descalificación por encima del respeto y el sentido común: En las televisiones se negocia con la agresión verbal, en la política la corrupción mental y económica alcanza limites insospechados que la sociedad tolera con absoluta naturalidad, en el ámbito judicial las vendetas y conspiraciones entre quienes han sido elegidos para impartir justicia se han convertido en práctica habitual de su quehacer diario, y los medios de comunicación se esfuerzan en sostener su parcela de poder a costa de la carroña. ¿Ese es el futuro que queremos?.
La mejor manera de levantar la barbilla y lanzar la vista al horizonte es mantener la coherencia con uno mismo, y luchar día a día sin desmayo. Siempre me consideré un idealista consciente, consciente de lo imposible que resulta serlo en nuestra sociedad; pero nunca he tirado la toalla, y con el tiempo me siento más fuerte para seguir luchando por mis ideas imposibles; es una forma de vivir y de sentirme bien.
Mientras escrito estas lineas espero con impaciencia la llegada de la “borrasca explosiva” que nos anuncian, confiando ingenuamente que pueda despejar el horizonte; dudo de sus efectos higiénicos, pero al menos he cargado las baterías para seguir viviendo en una sociedad que merece algo mejor.
(Recomiendo inexcusablemente la lectura de un artículo de Tomas Salinas García, publicado el pasado 27/2/2010 en El País con el título “Que no me tomen por tonto”; lo suscribo plenamente, y me incluyo entre las víctimas de quienes actualmente manejan el sistema. Gracias Toño por enviarme el enlace).
A partir de ahora, si nos atenemos a la doctrina del PP, en palabras de Jorge Moragas aparece una nueva figura en el ámbito de la aplicación del Código Penal, la del delincuente “ejemplar”, para distinguirlo presuntamente del “no ejemplar”, es decir de todo aquel que no pertenezca al partido conservador.
En temas de conducir con una copa de más, con su famosa frase “Déjame que beba tranquilamente”, Don José María Aznar trató de ridiculizar una campaña de la Dirección General de Tráfico orientada a educar a los conductores para evitar el consumo de alcohol en la conducción de vehículos de motor; sus palabras las pone ahora en práctica, como buen seguidor de su ideología, el mismísimo presidente de las Nuevas Generaciones del PP, Ignacio Uriarte, al sufrir un accidente de tráfico conduciendo bajo la influencia de bebidas alcohólicas, cometiendo con ello un delito previsto y penado en nuestro Código Penal.
Lo pintoresco y alarmante es que Ignacio Uriarte, además de ser el cabeza visible de los cachorros del PP, ostenta la condición de diputado por elección popular, y hasta hace escasas fechas era miembro de la Comisión de Seguridad Vial en el Congreso. Su irresponsabilidad es manifiesta y como político debería de dimitir de todos sus cargos, pero hasta ahora se ha limitado a abandonar la comisión parlamentaria, sin tener intención alguna de dejar su puesto de diputado.
Pudo ser un error humano, como le sucede a cualquier ciudadano que cometa un hecho delictivo. Pero los errores se pagan, y cuanto se está en política activa resulta inadmisible que no entregue de inmediato su acta de diputado; es más, resulta vergonzoso que sus compañeros de partido le justifiquen o le comprendan. Recientemente Juan José Corrales, alcalde socialista de Pola de Siero (Asturias), se encontró en una situación similar, y tras reconocer su error y pedir perdón en una rueda de prensa, presentó de inmediato su dimisiónasumiendo las consecuencias políticas de su equivocación.
Ante un error similar ambos politicos en activo han reaccionado de manera muy distinta: el primero mantiene su condición de diputado y el segundo ha dimitido como alcalde de uno de los municipios más importantes de Asturias. Es cuestión de talante, de saber estar, y de honestidad; y demuestra que todos los políticos no son iguales.
En muy pocos meses, y todas ellas en contra del criterio del Fiscal, el Tribunal Supremo ha admitido a trámite tres querellas contra Garzón; para ello se sirven de la jerga judicial que les permite caprichosamente admitir o no a trámite una querella. Me estoy imaginando a la derecha judicial, paseando por sus despachos perfumados de incienso entre decenas de legajos que esperan desde hace años ser resueltos, buscando la manera y los “argumentos” de tumbarse al juez que, para bien o para mal, les hizo sombra. Y como “las prioridades son las prioridades”, y ahora toca perseguir a Garzón, aunque sea a costa de convertir en prevaricación cualquier criterio judicial que no les convenza, bajando el listón para incluir en este tipo de delito conductas que hasta ahora no eran objeto de persecución criminal. Cuando vuelvan a sus casas con la satisfacción del “deber cumplido” no estaría de más que se mirasen al espejo y recordasen muchas de las decisiones controvertidas que tomaron en su vida profesional, y que ahora, con su actual criterio, serían tipificadas como supuestamente prevaricadoras.
Recientemente comentaba en abstracto la prevaricación masiva en la que se podía incurrir cuando un colectivo de personas se guiaban por criterios ajenos a los meramente judiciales. Alguien me dijo que mi opinión, respaldada por el derecho constitucional a la libertad de expresión, podía considerarse delictiva; pero viendo lo visto, puede que incluso me quedase corto. No es explicable que el juez Pedreira entienda que pueden considerarse lícitas las grabaciones efectuadas en las comunicaciones entre detenidos y letrados cuando existen sospechas de que están encaminadas a la ocultación de pruebas, y al mismo tiempo el Tribunal Supremo aperture ahora una causa penal contra el juez instructor, por considerarlas supuestamente delictivas.
Pero lo más preocupante es que la admisión a trámite de esta querella tiene un doble objetivo: acabar con Garzón, y dar el primer paso para comenzar a dudar de la legalidad de algunas pruebas en las que se fundamenta la acusación en el “Caso Gürtel”, la mayor trama de corrupción descubierta en el siglo XXI, y que afecta de forma directa a destacados dirigentes del PP. No cabe duda de que los conservadores son ambiciosos para conseguir todo lo que pretenden, y si pueden hacerse dos trajes por el precio de uno, para qué gastar más energías; no en vano Camps consiguió gratis media docena, y continúa sin rubor tapando con ellos sus vergüenzas.
Ante el acoso judicial, político y mediático que está sufriendo Baltasar Garzón, hemos podido conocer su vertiente más humilde, al manifestar que no se sentía perseguido; pero al afirmar hace pocas horas que “no me voy a marchar“, advierte a todos que su tenacidad y fortaleza mental es muy superior a las de sus contrincantes.
Cada vez tengo más ganas de contaros las cientos de corruptelas judiciales que he vivido durante 36 años de ejercicio profesional; quizás algún día lo haga, pero si me eximen previamente por escrito de cualquier tipo de responsabilidad no tendría inconveniente en empezar mañana.
Actualmente los sindicatos ya no representan a la clase trabajadora y sólo consiguen movilizar a sus liberados, aquellos que han conseguido “vivir” y mantener su status a costa de no hacer nada productivo para contribuir al crecimiento de nuestra economía. Ya resulta habitual, salvo excepciones, identificar a los representantes sindicales con los trabajadores que más han practicado el absentismo laboral y menos ganas tienen de trabajar.
Las manifestaciones convocadas por UGT y CCOO para mostrar su descontento por la propuesta del Gobierno de elevar a los 67 años la edad la jubilación ha resultado un absoluto fracaso, y no es buena solución justificar la defensa de las conquistas sociales aferrándose al inmovilismo, ya que a medio plazo puede producirse el efecto contrario al que ahora se pretende.
Con la demagogia, la frase hecha y la vulgaridad argumental no se avanza, y no hay más que escuchar a Cándido Méndez y a Ignacio Fernández Toxo para comprobar que están anclados en el pasado y son incapaces de mirar para el futuro. No dispongo de información suficiente para pronunciarme sobre si es o no conveniente aumentar la edad de jubilación, pero si como se prevé, en los próximos años la población española sufrirá un envejecimiento paulatino que hará inevitable que la población activa disminuya porcentualmente, es hora de consensuar con suficiente antelación las medidas que es preciso adoptar para afrontar tal desajuste. No hacerlo es suicida y contrario a la defensa de las conquistas sociales.
La realidad actual es que la demagogia del día a día se impone a la responsabilidad para afrontar el futuro, y entre todos, incluidos políticos, empresarios y sindicalistas, podemos ser capaces de hundir el barco hasta cotas inimaginables, convirtiendo nuestro país en un “gran hermano” de cuarenta millones de participantes.
Salir del pozo en el que nos encontramos requiere sacrificio de todos; ¿alguien se apunta a dar el primer paso?
Un hecho casual, propiciado por la dificultad para conectarme a otra cadena durante un desplazamiento por motivos de trabajo, me permitió comprobar que algunos ciudadanos con mentalidad fascista dicen padecer de almorranas en el alma cuando escuchan a Bibiana Aído, nuestra joven y atrevida Ministra de Igualdad; al menos es lo que deduzco por las palabras del escritor e “intelectual” Juan Manuel de Prada vertidas durante el programa La Mañana, de la Cope, el pasado 23F.
Teniendo en cuenta que el primer síntoma de las almorranas es la aparición de sangre roja brillante en las heces, podría pensarse que Don Juan Manuel, alérgico a algunos colores, padece de un estreñimiento provocado para evitar el espanto que le produce el carmesí; pero de eso a intentar desviar sus almorranas a su alma, en la creencia de que así se hacen invisibles e incoloras, existe un abismo.
Por lo escuchado en boca de Juan Manuel de Prada, que en un tono machista y fascista menosprecia de continuo a Bibiana Aído por ser mujer y socialista, tal parece que sus almorranas se ubican más bien en el cerebro, por el que transcurren sus heces sanguinolentas dedicadas a subestimar e insultar todo lo que suene a democracia.
Quién crea que el principal enemigo de Rajoy para alcanzar el poder se llama José Luis Rodríguez Zapatero, se equivoca. Desde que fue designado a dedo sin el respaldo democrático de su partido, Don Mariano se ha convertido en la marioneta de José María Aznar, y lleva más de seis años sufriendo sus consecuencias, sin haber sido capaz nunca de plantarle cara. Sus inicios no pudieron ser más desastrosos, cuando sufrió su primera derrota electoral, muy posiblemente como consecuencia de las mentiras y manipulaciones de su presidente de honor, con la inestimable ayuda del por entonces Ministro del Interior Angel Acebes, quienes creyeron que los españoles éramos tontos y nos podían engañar atribuyendo a ETA el atentado del 11M.
Desde entonces José María Aznar, con una actitud altiva, prepotente y egocentrista, menosprecia y margina a Don Mariano, quien de forma permanente sufre las consecuencias del olvido de quien le eligió para ser su sucesor, consiguiendo mantener la división en el seno del Partido Popular para acaparar el protagonismo del sector más reaccionario de la derecha española.
Aznar, incapaz en su día de votar la Constitución Española, no tiene convicciones democráticas, lo que motiva que falte al respeto de forma permanente a los representantes del pueblo español, e incluso al legítimo candidato de su propio partido. Por eso, y por considerarse un permanente “salvapatrias”, ha resultado ser el más despreciable de los presidentes que ha tenido nuestra joven democracia, siendo incapaz de cumplir su papel de expresidente ante la sociedad española; convirtiéndose en un personaje absurdo, cobarde, pintoresco, engreído, y en especial maleducado.
Su dedo índice le define, y pasará definitivamente a la historia como lo que es, un ser ridículo que “sólo” se quiere a sí mismo y menosprecia a los demás.