Debate semanal: ¿Es la homofobia una “cualidad” para convertirse en arzobispo de San Sebastián?

José Ignacio Munilla pide comprensión a los vascos durante su toma de posesión como nuevo arzobispo de San Sebastián, la misma que negó a los homosexuales cuando afirmó que “no hay otro camino de liberación para las personas homosexuales que la lucha por corregir sus propias tendencias desviadas”. Los homosexuales son para él victimas de un trastorno neurótico sufrido en la pubertad, aunque no descarta que sus “desviaciones” tengan su origen en experiencias eróticas obsesivas. Lo curioso es que un miembro de una Iglesia que oculta a sus pederastas cambiándoles de parroquia se atreva a darnos a todos lecciones de moralidad. Con personajes como éste, que se declara homófobo convencido, la hipocresía y el cinismo alcanza sus más altas cotas de indignidad.
Entre sollozos, al tomar posesión de su nueva misión divina afirmó: “me presento ante vosotros pobre y humilde“. Y mientras este patético acontecimiento sucedía, miembros de asociaciones de gays y lesbianas del País Vasco, se concentraban en el exterior de la Catedral para protestar por la llegada de Munilla con una pancarta en la que se leía la consigna “Vuestro cielo es nuestro infierno”.
Munilla, que no ha tenido inconveniente en calificar de “cómplices de asesinato” a quienes votaron en favor de la Ley del Aborto, cometiendo con ello un presunto delito de injurias al imputarles la comisión de un delito, parece sentirse en gracia de Dios y satisfecho de sus pensamientos ultraconservadores; al menos es lo que podemos deducir al no retractarse ni mostrar arrepentimiento por sus afirmaciones.
Curiosamente Arantxa Quiroga, la presidente del Parlamento Vasco, muy próxima al Opus Dei, se mostró muy satisfecha con el nombramiento, aunque se excusó de acudir a su nombramiento, asegurando que el problema con Munilla es que “lo que dice no le gusta al PNV”, y dice “lo que predica la Iglesia”; obviando que el 77% de los párrocos de Guipúzcoa se han opuesto a su nombramiento.
El cardenal Rouco Varela ha sido el artífice del “tan acertado” nombramiento, y se sentirá muy orgulloso de contribuir al paulatino deterioro de la Iglesia. Por el momento los feligreses ya pertenecen a una raza a extinguir, los seminarios se están quedando vacíos, y el nuevo arzobispo de San Sebastián puede convertirse en “el último Munilla”.





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