La Guindilla y SInLaVeniA de montaña por Vegacerneja (León)

Al alba y con viento de levante, como diría Federico Trillo, comenzamos nuestro viaje a Vegacerneja, un pueblo leonés situado entre el Puerto de Pontón y el embalse de Riaño
Una vez bien nutridos en el bar de Carlos, en donde se puede saborear la mejor cecina de la zona, acompañada de queso y vino de la tierra, emprendimos la subida de unos tres kilómetros hacia la majada de Mura, a la que se accede atravesando un bosque de hayas, convertido por la época en una alfombra de hojas secas
A pesar de que atravesábamos una zona donde frecuentan los lobos, no tuvimos la “suerte” de ver alguno, pero al llegar a nuestro destino pudimos comprobar que la cabra siempre tira al monte
Después de devorar una tortilla de patata, contemplar el excepcional paisaje en el que se observa el pantano de Riaño, el pueblo del mismo nombre y los montes que rodean la zona, y sentirnos observados por cuatro buitres que esperaban nuestra ausencia confiando en que íbamos a ser generosos con las sobras, emprendimos el regreso descendiendo hacía Vegacerneja.
Completamos la visita al pueblo saludando a Rodrigo Valdeón, conocido criador de mastines, que hace buena la aseveración de que “tierra de lobos, escuela de mastines“; quién tuvo la amabilidad de enseñarnos unos cachorros de dos meses de la última camada.
Antes de emprender el regreso a través del Puerto de Tarna, observamos como una mastina “trabajaba” afanosamente recogiendo un rebaño de cabras situado en una pradera cercana; lo hacía echada en un camino a más de 100 metros de distancia, y se ganaba el jornal con puntuales ladridos con los que daba las órdenes oportunas
Ni el tiempo ni la luz nos acompañaron para obtener un reportaje fotográfico de mayor calidad, pero lo importante es el relato de la visita a una ruta que, pese a no salir en los libros, merece la pena visitar en cualquier época del año.






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