Cutrez Premios Príncipe de Asturias 2009
Con un formato caduco y obsoleto y una programación repetitiva y carente de atractivo, ayer tuvo lugar la entrega de los Premios Príncipe de Asturias 2009, los que, a juzgar por el vacío de las calles durante el recorrido del cortejo de autoridades y premiados desde el Hotel Reconquista hasta el Teatro Campoamor, ya no despiertan ni el interés de los ovetenses.
Desconozco a cuánto asciende el coste de tal celebración y de dónde proceden los fondos, aunque a buen seguro no serán ajenos a los impuestos que todos pagamos; pero sí somos conscientes de que a la hora de otorgar los premios prevalecen más los criterios propagandísticos que los méritos personales de los premiados, y se convierten en un desfile elitista de autoridades y famosos, deberíamos de ponerlos en cuarentena para analizar si cumplen la finalidad para la que fueron creados.
No puedo negar que soy enemigo de los premios, las medallas y los galardones, pues con ello se trata de destacar los méritos de unos privilegiados, en perjuicio de la mayoría de los ciudadanos anónimos cuya participación es puramente contemplativa. Pero si se considera necesario mantenerlos, ahora que se jubila su director general Graciano García podría ser el momento adecuado para buscar un sustituto más dinámico y de nuestros días, imponer nuevos criterios para la concesión de los premios con unos jurados renovados en donde todos los sectores sociales tengan su representación, y cambiar el formato de su entrega. En definitiva modernizar algo que esta caduco.
Tampoco puedo negar que la Familia Real me parece cada vez más ridícula, y sobra en nuestra sociedad. Por eso cuando ayer escuchaba decir al Príncipe de Asturias que “el paro hiere la sensibilidad de los seres humanos“, no podía evitar pensar que los privilegios y permanentes desfilparros de la Familia Real hieren la sensibilidad de muchos españoles.
Hoy todos los medios de comunicación sólo dedicarán alabanzas a la celebración de la entrega de los Premios; y hablarán del traje negro que llevaba Letizia, o del escote de Yelena Isinbayeva que, a juzgar por los comentarios televisivos, fue lo más destacado de la ceremonia. Por mi parte me limito a escribir lo que pienso y comparten muchos asturianos, al poder expresarme sin ningún tipo de condicionamiento.
(A la espera de la llegada del otoño fotográfico, he utilizado una foto de archivo para el encabezamiento, tomada el 8 de enero de 2006 en Espinaredo).






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