Debate semanal: La reforma para despenalizar el aborto, una necesidad social
La hipocresía ha sido una “virtud” histórica de la jerarquía eclesiástica y la derecha más reaccionaria. Los más creyentes se dedican a pecar a su antojo durante la semana, incluso adueñándose de dinero ajeno por medios poco ortodoxos, y el domingo cumplen con su misa obligatoria y se “arrepienten” de sus pecados para comenzar una nueva semana en gracia de Dios; algo vedado a los ateos y agnósticos, aunque por no creer tenemos la fortuna de nunca pecar.
Pero en el tema del aborto quizás es donde se suscita más controversia y más hipocresía por los antiabortistas. Aún recuerdo cómo en los años 70, que viví siendo ya mayor de edad, mientras que las mujeres con escasos recursos económicos que precisaban abortar debían de sufrir a escondidas la carnicería de auténticos matarifes, las jóvenes de “buena familia”, como así se denominaban a las más acaudaladas, eran enviadas a Londres con sus barriguitas incipientes para esconder sin riesgo alguno el pecado mortal que habían cometido, y que ocultaban ante sus círculos sociales.
El aborto, legalizado parcialmente en nuestro país desde hace años, debe alejarse definitivamente del debate ideológico y ser aceptado como un problema social, que debe de ser definitivamente regulado y despenalizado, para evitar ingratas persecuciones por la vía criminal. La mujer tiene derecho a decidir libremente sin trabas ni presiones legales que anulen su dignidad, y nuestros parlamentarios están obligados a adoptar las medidas legislativas oportunas para que así sea.
La manifestación celebrada el pasado sábado en Madrid es un signo inequívoco de cinismo colectivo por parte de la derecha más casposa de nuestro país; muchos de sus participantes son descendientes de ideologías absolutistas ya superadas, y en muchos casos familiares próximos de aquellas jóvenes que antaño hacían “turismo” en las clínicas londinenses. ¿Cuántos se concentraron?; los de siempre, y se resumen en algo más de 55.000 personas, a juzgar por el tratamiento informático efectuado por una empresa especializada, que en ningún caso representan un clamor social contra la necesaria ley de reforma del aborto. Decir que fueron más de un millón los participantes (el equivalente a la población total del Principado de Asturias), es mentir, que también es pecado.
Lo llamativo es que en una foto publicada en el diario El Mundo aparecen unos niños portando una pancarta en las que se detallan el número de abortos que han tenido lugar en los últimos años; y las referidas a los años 2002 y 2003 mencionan 77.125 y 79.870 abortos, respectivamente; no olvidemos que por entonces gobernaba por mayoría absoluta un tal José María Aznar, presente en la manifestación, que contribuyó decisivamente al genocidio cometido en Irak, y que nada hizo por modificar o derogar la ley que había entrado en vigor en 1986, por la que se despenalizada el aborto en determinados supuestos; mayor incoherencia y desfachatez resulta imposible en un político pintoresco venido a menos, y que tan sólo es aceptado por la derecha más reaccionaria.
Los “efectos” de la manifestación han durado tan sólo unas horas y en nada deben de afectar a la decisión de nuestro parlamento. Espero que próximamente, y con el apoyo de todas las fuerzas progresistas, sea aprobada la ley por la que se despenalice definitivamente el aborto; será una decisión definitiva y sin retorno para salvaguardar el derecho de las mujeres que decidan libremente abortar, respetando obviamente el contenido de la norma legal, cuyas claves conviene conocer bien.
(En “Debate semanal”, nueva sección de SInLaVeniA prevista para los lunes, pretendemos abrir un intercambio de opiniones en un tema de actualidad a partir de un artículo de opinión, como una forma activa de participar en este blog).






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