Era negro
A principios de la década de los 80 del siglo pasado, cuando me encontraba en las dependencias de los Juzgados de Avilés, me crucé con un joven de color que conducía la policía al Juzgado de guardia; iba esposado y lloraba trasmitiendo una sensación de encontrarse desesperado ante una situación que no entendía. Mi curiosidad me permitió saber que estaba acusado de un robo cometido en un tienda del centro de Avilés. Parece ser que cuando fue interrogada la propietaria de la tienda sobre la fisonomía del delincuente, ésta había afirmado que era negro, por lo que la autoridad competente se apresuró a detener al primer joven de color que localizó, como fórmula “efectiva” para resolver el caso. Afortunadamente tuvo la suerte de encontrarse con un juez sensible que fue capaz de enmendar el error en pocos minutos, poniéndolo en libertad sin cargos.
La pasada semana cuando transitaba por el centro de Gijón comprobé cómo la policía local, sin causa aparente alguna que lo justificase, detenía a un vehículo para pedir la documentación a su conductor. De nuevo mi curiosidad me impulsó a acercarme, comprobando que quién lo pilotaba era negro; me dio la sensación que el color de su piel era un ingrediente que añadía un plus de peligrosidad o de situación de ilegalidad .
Hace menos de 24 horas presencié la detención de un vendedor callejero de bolsos, supuestamente de imitación, que se resistía a ser esposado repitiendo de forma incesante: “yo no hice nada“. En unos minutos un despliegue policial desproporcionado se había concentrado en el lugar. El presunto delincuente era negro, y es muy probable que en estos momentos ya esté en libertad, una vez que el juez de guardia haya comprobado que no existen circunstancias para prolongar su privación de libertad.
No pongo en cuestión las intervenciones policiales, al no disponer de información suficiente sobre el por qué de sus actuaciones. Pero me preocupa mucho la coincidencia del color de su piel, y el hecho de que tengan en común que se trata de seres humanos que han llegado a nuestro país posiblemente en una patera, y no tengan ni protección social, ni paro, ni ayudas de la administración, y se encuentren “sin papeles” en España.
¿Vender bolsos de imitación en la vía pública para subsistir ante la falta de otros ingresos es delito? Muchos jueces entienden que no.
¿Adquirir bolsos de imitación a sabiendas de que son de procedencia ilícita es delito? Algunos jueces podrían entender que se trata de un delito de receptación, que nuestro Código Penal castiga con una pena de 6 meses a 2 años de prisión. Pero nunca he visto que en plena vía pública sean detenidos los compradores.
¿Cuestión de color, o de origen, o de condición social? No me gustan las discriminaciones, y se ven con demasiada frecuencia.
(La foto está tomada en Okahandja, Namibia, el 15 de agosto de 2003).






SinLaVeniA día a día vía e-mail