Garzón está en buenas manos
Aunque muchos se sientan escandalizados por ello, ayer fue un buen día para el Estado de Derecho, al comprobar -y confío en que sirva de ejemplo- que todos los ciudadanos podemos ser iguales ante la ley. La circunstancia de que el Juez Garzón hubiese comparecido durante cuatro horas como imputado ante el Tribunal Supremo, a fin de declarar en una querella admitida a trámite por un supuesto delito de prevaricación, es un signo de normalidad en nuestra Administración de Justicia. Lo anormal y reprobable es que algunos jueces, por motivos políticos y de amistad, sean tolerantes con algunos políticos y archiven las causas abiertas contra ellos sin llevar a cabo una verdadera instrucción, como ha ocurrido en Valencia con el caso Camps; el magistrado Juan Luis de la Rúa -Presidente del Tribunal de Justicia de la Comunidad Valenciana- debería de saber que por actuaciones menos sospechosas que la suya ya ha sido acusado y condenado algún juez por prevaricación, y dictar resoluciones injustas a sabiendas de que lo son, o por no examinar la documentación depositada en sus dependencias, puede conllevar un reproche penal.
Pero me satisface comprobar que el magistrado encargado de la instrucción contra el Juez Garzón es un tal Luciano Varela; si es el que recuerdo, y no creo que haya muchos más en el Tribunal Supremo con ese nombre y apellido, Garzón tiene garantizada una justicia justa, un bien escaso en nuestro sistema judicial. Conocí a Luciano Varela al final de la década de los 70, a su paso por los juzgados de Pola de Lena y Avilés, y sólo tengo buenos recuerdos de su etapa en Asturias. Siempre estaba presente en todas las declaraciones, ya fuesen civiles o penales, lo que no se prodigaba mucho por entonces, y era toda una garantía para el justiciable por su sentido de la equidad. Para él todos los ciudadanos eran iguales ante la ley, y creía en una justicia rápida y eficaz; no en vano sus Juzgados siempre estaban al día, trabajando a destajo cuantas horas fuesen necesarias. Con él viví las mejores anécdotas de mi vida profesional (recuerdo cómo organizó una rueda de identificación de ganado al estilo de una rueda de detenidos, que algún día os contaré con detalle) y sus sentencias eran un ejemplo a seguir.
Garzón está en buenas manos (no me refiero a las Manos Limpias que hacen el trabajo sucio al PP) y no tengo la menor duda de que Don Luciano Varela desarrollará una instrucción impecable. Todavía quedan buenos jueces y magistrados en nuestra país, aunque la actuación deshonesta de algunos haga pensar lo contrario.






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