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Ago

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Viajando por Arabia Saudí, con Silvia Llopis: Mujeres sin derechos (2ª parte: “Touch me if you dare”)

By Fernando de Silva

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Touch me if you dare (Tócame si te atreves)

“La costumbre y la tradición no pueden ser excusas para ignorar los derechos de las mujeres”. Amnistía Internacional, sobre Arabia Saudí.

“Los dos hombres, un español y un sirio, que me acompañaron en este viaje, recelosos, me acusaron durante el mismo de tener una percepción estereotipada y de hacer una interpretación sesgada, con arreglo a criterios occidentales, de las tradiciones culturales de este país, no solo de la realidad de la mujer saudí, sino también de que esté prohibido el consumo de alcohol, los cines, la práctica de otras religiones o los castigos físicos que impone su sistema penal: flagelaciones, amputaciones y pena de muerte.

Aunque del conocimiento nace el respeto, es difícil comprender que, para mis compañeros de viaje y otras personas que conocí, la situación de la mujer saudí se trate de una realidad contradictoria y compleja. Para mí, sin ningún relativismo cultural, es una cruel dominación, una doble moral que nada tiene que ver con la religiosidad real o las costumbres, sino con la represión que muchos ejercen en nombre de la religión y la tradición, por mucho que el islam configure la estructura social y política del país. Y no me refiero a si el uso de las diferentes formas de velo es “una manera de vestir fundamental para forjar la identidad de una buena musulmana desde pequeña”, si es algo conservador o moderno, o a si es algo social o religioso, sino, a la segregación que sufren las mujeres de este país, a la discriminación misógina que no he visto de manera tan represiva en ninguno de los países musulmanes que he visitado. (Las mujeres saudíes están obligadas a llevar una túnica negra que les cubra de la cabeza a los pies: la “abaya”, y llevar el rostro cubierto completamente o con una ranura libre para los ojos: “hijab” y “niqab” (http://www.sunnahstyle.com/), y en algunos casos las manos cubiertas también con guantes; para las extranjeras, como yo, con la túnica es suficiente)

Las mujeres de Arabia Saudí carecen de derechos, y aunque no hay casi leyes o reglas que estipulen como deben ser, la policía religiosa o Comité para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio, la “mutawa”, se encarga de que:

- No puedan salir a la calle, entrar en algunos comercios, alojarse en hoteles, ir a restaurantes… si no van acompañadas por un varón de su familia, el “mehran”: padre, marido, hijo o hermano, o por una amiga, un chófer o una criada; a conciertos o al teatro no pueden acudir ni acompañadas.

- No puedan conducir, ridícula prohibición donde las haya, salvo para las familias pudientes que pueden contratar a un chófer inmigrante (musulmán o no) para que las traslade, o para las beduinas del desierto, que lo llevan haciendo toda la vida.

- Cuando el reino celebró las primeras elecciones municipales de su historia (en las que tenía derecho a votar “todo ciudadano” mayor de 21 años sin distinción de sexo), las mujeres no fueran convocadas por razones logísticas: se tendría que haber establecido un doble sistema de cabinas de voto y contratar a mujeres al frente de mesas para respetar la estricta división de sexos que reina en el país; y si se hubieran podido presentar a los comicios, ¿cómo habrían hecho la campaña sin mostrar su cara y, en el caso de algunas, sin dar a conocer su nombre?

- Aunque haya una elevada tasa de mujeres escolarizadas y universitarias, no puedan estudiar ciertas carreras, como ingeniería.

- Pocas trabajen, ya que al no poder estar en contacto directo hombres y mujeres que no formen parte de la misma familia, llevaría a duplicar oficinas y servicios; hay algunas excepciones, como los hospitales, o como las abogadas, a quienes se les ha permitido hace poco estudiar derecho y tener su propio despacho, pero no pueden acudir ante el juez a defender a sus clientes.

- Todas las saudíes necesiten el permiso de su “hombre” para viajar al extranjero; la mayoría de ellas se casen con quien elija su familia, hereden la mitad que sus hermanos y no puedan casarse con hombres que practiquen otra religión (los hombre, sí); si se casan con un extranjero, necesiten, además del permiso familiar, el del gobierno, no pudiendo transmitir la nacionalidad a sus hijos… por no hablar del divorcio, los malos tratos, etc.

Afortunadamente, las nuevas generaciones de mujeres saudíes, muy lentamente, han empezado a cuestionar la estricta, retrograda, contradictoria y ridícula “interpretación” del islam y comienzan a ocupar parte del espacio público. Los gigantescos centros comerciales o malls que lo han invadido todo, se han convertido en la mayor marca distintiva de uno de los países, por otros motivos, más ricos y occidentalizados del mundo, y en punto de encuentro de estas nuevas generaciones que, cuando pueden, intentan transgredir estas absurdas reglas no escritas en ninguna parte. Touch me if you dare (Tócame si te atreves) es la inscripción que una mujer saudí escribió en su velo. Fue prohibida inmediatamente. Alguien dijo que esto era una “erotización del velo”. Quizás.”

(Texto de Silvia llopis)


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