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El problema se antoja laberíntico para un profano; subir, mantener o bajar los impuestos son decisiones políticas complejas que requieren un conocimiento muy profundo del estado actual de nuestros ingresos, para saber si son suficientes para cubrir los gastos necesarios e imprescindibles. Frivolizar con un tema tan delicado es un ejercicio de irresponsabilidad, y denota la escasa catadura moral de aquellos que pretenden obtener votos a costa de ser ligeros en el lenguaje.
La sensatez debería de imponerse en nuestros políticos, pero ya sabemos que resultará imposible un consenso para salir de la crisis económica. Vivimos en un país en donde siempre se está en campaña electoral, y la cordura parece ser una cualidad poco común en quienes nos gobiernan o aspiran a conseguir el poder a medio plazo. El fin justifica los medios, y estos no son precisamente los adecuados para resolver nuestros problemas, sino que van orientados a conseguir una victoria electoral, lo que parece decir poco bueno de nuestros gobernantes o de quienes aspiran a serlo. Los argumentos demagógicos de unos y otros se imponen, y el engaño a los electores es la forma habitual de comunicarse con quienes les encumbramos en el poder; poco gratificante para un sistema democrático, pero es lo que hay y no podemos aspirar a más.
Parece evidente que a la crisis económica mundial, de la que son responsables los especuladores financieros que se han enriquecido a costa de todos en las últimas décadas, se suma en nuestro país la crisis del ladrillo, de la que somos culpables todos por acción u omisión, y que ha sido la causa principal de la pérdida de empleo y del deterioro de nuestra economía. Solamente reconociendo culpas y con una actitud constructiva de futuro podremos salir de esta situación, y no parece que los políticos tengan un mínimo de decencia y de modestia para admitir las responsabilidades del pasado.
Lo que parece elemental es que ahora es preciso actuar, y hacerlo sin titubeos y sin complejos, y en especial sin pensar en los efectos negativos que puedan derivarse en las próximas elecciones. Parece evidente que un gobierno socialista debe de priorizar el mantenimiento del estado del bienestar y las políticas sociales, lo que supone un esfuerzo económico importante que es posible que no se pueda afrontar con los actuales ingresos, que han disminuido por debajo de lo previsto. Si esto es así, la subida de impuestos, aunque sea provisional y transitoria, resulta incuestionable, y debe de incidir en las clases pudientes, preservando el poder adquisitivo de la clase trabajadora, que ha sido la más afectada con la crisis económica.
Ya sabemos que la derecha preconiza la bajada de impuestos, aunque sea a costa de sacrificar las políticas sociales; y también defiende el despido libre para que la patronal puede sanear sus empresas, y así recuperar el nivel de ganancias a costa del sacrificio de sus asalariados. Pero en momentos de crisis es cuando se hace más visible la diferencia entre las políticas de izquierdas y de derechas, y los ciudadanos debemos decidir con quién estamos, con todas las consecuencias.
¿Subida de impuestos? Sí, de ser necesaria, pero con prudencia y moderación, y siempre que sea asumida por los que más tienen y no impida la recuperación económica. Es una buena manera de poner en práctica la solidaridad de todos con todos; algo que la derecha nunca entenderá.
Una serie de eslabones enlazados entre sí componen una cadena, que en muchos casos tiene como destino impedir el acceso a un concreto lugar y casí siempre encierran algún secreto; y puede servir para formar parte de una composición fotográfica. En este caso se trataba de obtener una imagen minimalista, buscando una extrema simplicidad con un solo elemento.
Son fotografías sencillas, con las que se pretende llamar la atención de aquello que no se observa cuando se visita un monumento, en este caso la Catedral de Sevilla.
A pesar de los avances tecnológicos, la pesca artesanal aún se mantiene en nuestra costas y las técnicas tradicionales permiten el abastecimiento del consumo local. Paseando al amanecer por la playa de La Antilla (Huelva) el pasado 18 de agosto, pude observar como se acercaban pequeñas embarcaciones, tras su jornada laboral realizada durante la noche. Y no me resistí a realizar un reportaje fotográfíco del momento de su llegada, aprovechando la perfecta luz de los primeros rayos de sol. Me llamó en especial la atención el trabajo en grupo para sacar las embarcaciones a la arena
No puede afirmarse que el volumen de capturas hubiese sido abundante, pero es el único medio de vida de muchas familias de la zona y demuestra la dureza de este trabajo.
En la playa un pescador preparaba la red para la siguiente jornada
Las imágenes están obtenidas entre las 8,30 y 9 de la mañana aprovechando las primeras luces del día, y tomé la precaución de pedir permiso antes de realizarlas, lo que es aconsejable hacer siempre por respeto a quienes están desarrollando su trabajo.
El hábito de ir acompañado siempre con mi cámara fotográfica me permite, en momentos puntuales, preparar una composición con objetos encontrados por casualidad. En esta ocasión localicé una vistosa pared de ladrillos, y sobre ella coloqué un cuadro que encontré en un trastero de una antigua casa de San Millán de los Caballeros (León). Y este es el resultado
Me gusta experimentar con los encuadres y con los contrastes.
Después de mi primera experiencia con un “Caballito del diablo”, parece que me está gustando la fotografía macro. De vuelta de las vacaciones, mientras descansábamos en un área de servicio a la altura de Cáceres, en una zona verde me encontré casualmente con esta libélula
En esta ocasión sí disponía de un objetivo adecuado, en concreto un Canon 50 mm macro
Me permitió acercarme mucho, posó, y disfruté mientras descansaba.
No exento de cierto fanatismo, la aldea del Rocío se ha convertido en un lugar de peregrinación obligada para los andaluces, y sólo le falta un “milagro” para llegar al nivel de Fátima o Lourdes. Una corta visita fue suficiente para comprobar el incesante trasiego de carros y carretas que circulan sobre la arena que cubre toda la explanada que rodea el Santuario de Nuestra Señora del Rocio.
Lo cierto es que llegamos al Rocío al anochecer, y la visión inicial del lugar fue espectacular.