Muertes evitables

La muerte es nuestro destino final; nadie se libra de ella, y antes o después dejamos de ser lo que fuimos para convertirnos en nada, o en el mejor de los casos en un recuerdo para los que aún permanecen con vida y que se desvanece con el transcurso del tiempo. Somos efímeros, y lo sabemos pero no nos lo creemos, y por eso podemos vivir sin amargura; si en nuestra mente permaneciese de forma invariable el pensamiento de nuestro destino final, nos moriríamos de pena sin apenas disfrutar de la vida.
Pero es evidente que, siendo ineludible la muerte, en muchos casos se puede evitar, o al menos tratar de que se prolongue en el tiempo. Por eso nunca he comprendido los riesgos extremos que pueden tener un desenlace fatal, ni que aquellos se justifiquen por motivos de tradición, cultura, o diversión.
A diario estamos sometidos de forma permanente a peligros inevitables e imprevisibles, e incluso a los que siendo evitables son imprevisibles. Pero incorporar nuevos riesgos previsibles y evitables es añadir nuevos alicientes para adelantar nuestro destino final.
La muerte del joven Daniel Jimeno Romero en el cuarto encierro de los Sanfermines era previsible y evitable al enfrentarse a un alto riesgo innecesario. Lo prudente, como ocurre en situaciones similares, sería suspender las fiestas en señal de duelo, pero nos venderán la idea de que “el festejo” debe de continuar; el negocio es el negocio, y en el fondo todo se resume a dinero y rentabilidad.
¿Me estoy haciendo viejo?. Más bien se me agudiza con el tiempo el sentido común y la prudencia.
Buen fin de semana; y no hos expongáis a riesgos innecesarios; la vida es dura y muchas veces injusta, pero es todo lo que tenemos.






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