El cierre de Garoña, una buena solución y el principio del fin de una energía no deseada

Por fin el Gobierno ha puesto fecha de caducidad a la central nuclear de Garoña. Será en el año 2013, lo que supone prorrogar por cuatro años más su funcionamiento. Parece una buena solución, que no contenta a nadie, pero que fue compatibilizar los intereses de todos, a exclusión obviamente de la derecha; en este sentido Rajoy, para criticar tal medida, la ha considerado un “disparate”, demostrando una vez más que su vocabulario para criticar al Gobierno es muy limitado.
Zapatero debe de cumplir sus promesas electorales, pero haciéndolas compatibles con la necesidad de mantener el suministro de energía en condiciones aceptables y al mismo tiempo disponer de tiempo suficiente para regenerar el tejido industrial en la zona de manera que permita crear puestos de trabajo alternativos suficientes para evitar una situación traumática.
En el programa electoral del PSOE literalmente se dice: “Mantendremos el compromiso de sustitución gradual de la energía nuclear por energías más seguras, más limpias y menos costosas, cerrando las centrales nucleares de forma ordenada en el tiempo, al final de su vida útil, dando prioridad a la seguridad y con el máximo consenso social”. Por ello el Gobierno con el anuncio de cierre no solo no incumple con su promesa electoral, sino que mantiene su compromiso, y coloca la primera piedra para finiquitar definitivamente de forma paulatina todas las centrales nucleares, aparentemente seguras, pero que encubren graves peligros ante un hipotético y posible accidente.
Una doble lectura positiva nos permitiría concluir afirmando que las centrales nucleares pronto serán pasado y la apuesta de futuro se centra en las denominadas energías alternativas, más seguras y con un menor efecto contaminante. Por mi me atrevo a afirmar que el 2 de julio de 2009 será una fecha histórica, y reflejará el principio del fin de una energía no deseada.






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