Un necesario giro a la izquierda

Tiene razón Zapatero cuando dice que unas elecciones europeas no son unas generales y que está dispuesto a no defraudar a los 11 millones de votantes que le permitieron en marzo del 2008 mantenerse en la presidencia del Gobierno, pero cometería un error si no valorase debidamente los motivos por los que más de cinco millones de hipotéticos votantes socialistas decidieron quedarse en casa el pasado domingo. Parece evidente que la campaña electoral no fue acertada y no llegó a los ciudadanos el mensaje adecuado para incentivar el voto, y la crisis económica que padecemos ha desmotivado a muchos, pero no debemos de olvidarnos de que el votante de izquierdas es muy crítico con aquellos en quienes confía y una política ambigua puede motivar -como así ha ocurrido- un abstencionismo activo.
Se equivocaría nuestro presidente si pensase en un acertamiento al votante de centro derecha para conseguir mantenerse. Zapatero es presidente del Gobierno porque una mayoría de izquierdas lo ha querido así, quienes le apoyaron le exigen un claro giro a la izquierda en sus políticas laborales, sociales y económicas, y debe tener muy presente que si no lo hace no tiene asegurada su permanencia en el poder.
No debemos de olvidar que la crisis económica a nivel mundial tiene su origen en la nefasta política de la era Bush, y se agudiza en España al explotar la burbuja del ladrillo, aquella que de forma preferente fue apoyada durante los gobiernos de Aznar, y que sirvió para incentivar una indecente especulación y para generar la mayor corrupción urbanística de nuestra democracia.
Zapatero debe de saber que ha mantenido el tipo gracias a la movilización de sus incondicionales, y que se ha convertido en el líder político más cualificado para capitanear la recuperación de la izquierda en Europa. Y eso sólo se consigue desarrollando una política de izquierdas de verdad, que debe de hacer compatible la recuperación económica con el mantenimiento y fomento de las políticas sociales y con una sólida defensa de los derechos de los trabajadores, los únicos capaces de levantar el país con su esfuerzo personal. Y es necesario que no se olvide de la necesaria protección temporal a los cientos de miles de parados que en su momento contribuyeron con su esfuerzo al bienestar de nuestro país, y ahora sufren en propia carne las consecuencias de una crisis que ellos no han propiciado.
Zapatero podría empezar por distanciarse definitivamente de la Iglesia Católica para que la moralidad de los españoles recupere la frescura necesaria en un Estado laico; y continuar colocando en su sitio a la banca para que ponga fin al chantaje económico del que son víctimas muchos españoles, y en especial los pequeños y medianos empresarios. Después todo vendrá sólo, no es tan difícil. Eso sí, los que menos tienen deben de ser su prioridad.
(Publicado aquí en elplural.com)






SinLaVeniA día a día vía e-mail