Impunidad de la iglesia católica en los delitos sexuales
Durante más de 60 años, centenares de monjas y sacerdotes vejaban, maltrataban, abusaban sexualmente y violaban a menores de edad en instituciones católicas de Irlanda. La absoluta impunidad de la que gozaban, bajo el manto protector de la jerarquía eclesiástica, contribuía a que proliferasen sus conductas delictivas. Ahora, sin desvelar el nombre de sus autores, y cuando la mayor parte de sus fechorías a buen seguro estarán prescritas, se publica el resultado de una investigación realizada durante nueve años sobre instituciones ya clausuradas.
Tales conductas no pueden generalizar una condena; al margen de mi ateísmo, que no oculto, reconozco la positiva labor de miles de monjas y sacerdotes repartidos por todo el mundo que de verdad ayudan a los demás. Pero precisamente para destacar lo positivo es preciso conocer y condenar cuanto de negativo tiene esa “labor apostolar”, que les convierte en delincuentes indeseables.
La jerarquía eclesiástica, que dista mucho de ser el reflejo de la verdadera iglesia, se ha nutrido históricamente de acomplejados y reprimidos, a quienes ha exigido el celibato, impidiéndoles el normal desarrollo de su vida sexual y contribuyendo a fomentar los abusos sexuales a menores. Excelente forma de contribuir a la educación de los niños, que con tanto “mimo” protegen.
Cínicos, hipócritas y fariseos han ocultado bajo sus sotanas durante siglos sus mentes enfermas y depravadas. Y a buen seguro si se hicieran públicos los archivos secretos de la iglesia durante la dictadura franquista podríamos descubrir centenares de casos similares a los ocurridos en Irlanda.
Todavía no hemos escuchado la opinión de Rouco Varela sobre lo acontecido en Irlanda; es posible que no se pronuncie, no sea que le pidan que se abra una investigación similar en nuestro país.






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