Francisco Camps sufre un ataque de ansiedad

Ocurrió hace unos días, pero no trascendió a la opinión pública al no precisar ingreso hospitalario, por tratarse de un ataque de ansiedad en sentido “figurado”. Camps se encontraba en su despacho muy nervioso y preocupado al percatarse de que la raya de sus pantalones no se sostenía y precisaba de forma urgente la renovación de su vestuario, pensando ya en la primavera. Sin pensárselo dos veces decidió llamar directamente al móvil de su sastre, para concertar “presuntamente” una cita cuanto antes; pero se encontró con su teléfono apagado, por lo que insistió hasta en ocho ocasiones, en la esperanza de que en cualquier momento lo tuviese operativo. Lo que Don Francisco “desconocía” es que su sastre se encontraba en aquellos momentos declarando ante el Juez Garzón para aclarar la presunta vinculación del presidente de la Generalitat valenciana con la trama de corrupción que dirigía Francisco Correa.
Camps le quiere dar una segunda oportunidad a José Tomás, su sastre, y “olvidarse” de que los cuatro trajes que “presuntamente” no pagó en su día, y que tenían como objetivo encandilar al Papa Benedicto XVI durante su visita a la Comunidad Valenciana, fueron “devueltos” al no quedar satisfechos por el acabado final. Considera que se la merece, si tenemos en cuenta que viste desde hace quince años a Álvaro Pérez, El Bigotes, y la elegancia de este personaje ya se hizo evidente cuando asistió a la boda de Ana, hija del insigne Don José María Aznar, en “paradero desconocido” desde que se destapó el escándalo de la corrupción masiva en el seno de su Partido.
Lo que está ocurriendo en el PP y sus allegados para beneficiarse de las adjudicaciones cada vez se parece más a los concursantes del Gran Hermano, que después de haber sido “escogidos” en un casting al que se presentan decenas de miles de jóvenes (y no tan jóvenes), descubrimos que la mayoría de los finalistas se conocen entre sí, y que todos frecuentan las mismas discotecas, e incluso “coinciden” en las mismas bodas.
La mayoría de los mortales cuando nos compramos un traje, no nos podemos permitir el lujo de encargarlo a medida, y si precisamos efectuar algunos arreglos al ya confeccionado, previamente debemos de pagar su importe, no sea que nos arrepintamos después. Pero Francisco Camps parece disfrutar de algunos privilegios, y se puede permitir el lujo de no pagar sus encargos, y “devolver” sus trajes cuando ya se encuentran terminados. Para algo es presidente de una comunidad autónoma y amigo de Correa, ahora entre rejas y olvidado por todos sus “amigos”.
Asistimos a un escandaloso contubernio de intereses creados y cruzados de los que unos pocos disfrutan, pero que afectan en lo económico a todos los españoles, por cuanto utilizan el dinero público a su antojo y para su personal beneficio. Y lo más preocupante no es lo que se sabe, sino aquello que se desconoce y nunca se descubrirá; no olvidemos que quienes manejan los hilos de la corrupción se cuidan mucho de guardar las formas y evitar dejar pistas en cuanto al fondo, y sólo son descubiertos cuando tienen algunos descuidos, que en muchos casos se derivan del exceso de confianza de quienes ostentan el poder.
Por el momento Don Francisco Camps ha quedado tocado y su carrera política será cuestionada durante muchos años. Podrá seguir acudiendo a la lámpara, como lo hacia su predecesor Eduardo Zaplana, pero cada vez que le veamos desfilar en un acto público, todos nos preguntaremos, ¿ha pagado de su bolsillo el traje que porta para mantener elegante “su imagen política”?.






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