Viajando por Qatar, por Silvia Llopis: Los grandes rascacielos y la inmigración

El emirato tiene casi un millón y medio de habitantes, de los cuáles, un quinto es qatarí, y el resto trabajadores inmigrantes: paquistaníes, filipinos, indonesios, estadounidenses, europeos y árabes de otras latitudes. Muchos de ellos son víctimas del tráfico de seres humanos, un problema que el gobierno qatarí intenta solucionar con leyes más duras. Mientras tanto, excepto los occidentales, estos trabajadores viven en el Área Industrial, en edificios llamados “campamentos”, a donde son trasladados en antiguos autobuses escolares desde el trabajo.

Estos emigrantes son los que construyen los cientos de rascacielos vanguardistas en la Corniche de Doha o en la Ciudad Deportiva de Jalifa, o las islas artificiales (la Perla o Lusail) donde se levantan hoteles de cinco estrellas y villas de lujo, para acoger a millones de turistas en los próximos años. Doha, su capital, aspira a convertirse en un destino exótico de lujo, al estilo Dubai. Nada agobia a quien lo visita (salvo las tormentas de arena y los 50 grados de calor en el verano), todo es amable y relajado, limpio, sin estridencias, ordenado, seguro….

En las fotografías se puede ver la Aspire Sports City Tower, deHadi Simaan, que fue la estructura emblemática de los Juegos Asiáticos de 2006. Sin terminar, en la Corniche, vemos entre otros: Al-Bidda Tower, de Higgs & Hill Overseas Ltd; la Tornado Tower, de CICO/SIAT; y entre ambos, todavía en estructura y comenzando a revestirse con el vidrio, el Doha High Rise Office Building, de Jean Nouvel.
Mañana nos despedimos de Qatar visitando el Centro Nacional de Arte Islámico






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