El poder político corrompe al ser humano… Muy pocos se salvan

Siempre identificamos corrupción con apropiación de bienes ajenos, es decir, con cualquiera de las formas o maneras que existen para conseguir lo que no es de uno ni le corresponde por derecho propio (robo, hurto, apropiación indebida, estafa, malversación de caudales público, cohecho….); pero a los autores, cómplices o encubridores de tales maldades los llamaría simplemente delincuentes, que los hay, y en todas partes. Aunque nadie debería de sorprenderse; quienes desde el poder se corrompen son un reflejo anormal, pero real, de la sociedad en la que viven.
Pero existen otras maneras de corromperse, que se originan cuando una nueva posición personal de mando, poder o autoridad, se traduce en abuso, prepotencia, altanería… Es una enfermedad mental que “sufren” muchos políticos, quizás demasiados; seres humanos aparentemente normales, que al ostentar un puesto u ocupar un cargo, se hacen soberbios y orgullosos, se consideran más de lo que son aquellos a quienes administran su destino, y se creen con derecho a tener unos privilegios que nadie les ha concedido. Muchos de ellos para defender y abusar de su nueva posición se amparan en el “protocolo”, una palabra que para mi no significa más que la justificación de unas situaciones de privilegio que no deberíamos de admitir.
Hace unos días, paseando por Gijón, observé como un militante de cierto nivel de un partido de izquierdas entraba en un restaurante que sólo se pueden permitir visitar quienes disfrutan de una economía muy saludable; pocos metros después me crucé con otros dos militantes de izquierdas con puestos de poder en la administración (no descubriré si estatal, regional o local para mantener la intriga) que se dirigían al mismo lugar. Y es más que probable que la buena comida que habrán disfrutado, muy posiblemente acompañada de un vino refinado, haya sido pagada con el dinero de todos. Ser de izquierdas no sólo es una posición política; también requiere una forma natural de comportarse en sociedad. Por eso no comprendo como una político de “izquierdas” se permita el lujo de pagar sus comidas de “trabajo” con nuestros impuestos, en lugares en los que no tienen acceso por razones económicas aquellos que con sus votos les permiten ostentar el poder.
Sólo algunos políticos se corrompen con el dinero; otros, la mayoría, lo hacen con la mente a través de su posición de privilegio; recomendaciones, favores, tráfico de influencias, miradas para otro lugar…, les convierte en distintos y distantes de quienes les han votado.
El poder político corrompe al ser humano… Muy pocos se salvan.






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