Garzón remueve las fosas del franquismo

(historieta gráfica de Manel Fontdevila en diario PUBLICO)
Garzón, la estrella que más brilla en el firmamento de los jueces, es un personaje desconcertante que pasará a la historia por su perseverancia en perseguir todo cuanto le parece injusto. Si Cervantes fuese de nuestra época se inspiraría en él para escribir El Quijote, y quizás algún día sea merecedor de una serie de televisión para recordarnos sus hazañas como “justiciero”. Personalmente siempre me ha desconcertado, y sobre él comparto ese sentimiento ambivalente de “amor-odio”. ¿Doctor Jekyll o Mister Hyde?; quizás tiene la extraña habilidad de desdoblar su personalidad al mismo tiempo, para desconcierto de todos, incluso del propio Robert Louis Stevenson. Compartamos o no sus iniciativas Garzón es un personaje irrepetible, que de no existir debería ser inventado, y al que últimamente le he cogido mucho apego por su capacidad para sorprendernos. No podemos olvidarnos que ha instruido muchas causas que a buen seguro sin su intervención hubiesen tenido un desenlace bien distinto.
Su última iniciativa judicial, a raíz de la búsqueda de los desaparecidos del franquismo, ha consistido en abrir diligencias judiciales para recabar datos con la finalidad de investigar si el 18 de julio de 1936 desencadenó un genocidio en España. Aprovechando diversas prerrogativas que le permite la Ley de la Memoria Historica, Garzón lanza la mayor investigación sobre los desaparecidos del régimen de Franco, y ha pedido datos al Gobierno y a la Iglesia para recabar información sobre más de 90.000 muertos por la Guerra Civil.
Lo curioso es que, siendo la actuación judicial más importante realizada en España sobre los represaliados de España, tan solo se trata de recabar información previa para decidir si es competente para investigar el fondo del asunto. Rajoy se ha apresurado a oponerse a la iniciativa judicial al afirmar que “no es partidario de abrir las heridas del pasado“; sin percatarse de que se han cerrado en falso y necesitan una última cura, antes de que cicatricen definitivamente.
Aunque el objetivo final no es buscar culpables, no quedará más remedio que ponerles nombre y apellidos, para que todos conozcamos a los responsables del origen y las consecuencias de la dictadura franquista; los españoles nos merecemos conocer toda la verdad sobre el episodio más sangriento del siglo XX; la historia no puede escribirse y cerrarse en falso con ambigüedades que no tienen otra finalidad que tergiversar la verdad.
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