Y los hacen interpretando “Baila el Chiki-Chiki”, dándole ritmo musical a su crisis interna. Faltan pocas horas para el Festival de Eurovisión, y los dirigentes y ex-dirigentes del PP se sienten identificados con el Chiquilicuatre, que podría llegar a ser incluso el revulsivo para lograr su unidad perdida.
Como un perro rabioso Francisco Javier López Peña, alias “Thierry”, expulsa espuma por la boca en un gesto de desesperación descontrolada. Serán sus últimos exabruptos en público; pronto su vida se ceñirá a ocupar una celda en una prisión de alta seguridad. Se ha ganado su futuro a costa de vivir de la extorsión a empresarios y ordenar la muerte de seres humanos inocentes e indefensos. Parece evidente por su gesto que la ceguera mental que padece no tiene cura; pero tiene la suerte de que la justicia es más piadosa que su mente, y le permitirá vivir.
Resulta sorprendente que Arzallus, un nacionalista trasnochado y retirado, que aún mantiene activa la lengua viperina, cuestione la última operación contra ETA y considere “muy grave” que el Gobierno haya ordenado la detención de un etarra que ha participado en las conversaciones del último y fracasado proceso de paz.
Sr. Arzallus lo que nos parece muy grave a la mayoría de los españoles -en los que incluyo obviamente a los vascos, que también lo son- es que critique la detención de un terrorista asesino que ha contribuido a dinamitar la esperanza de terminar definitivamente con ETA.