El 20 de marzo de 2003 una coalición de países liderados por los Estados Unidos comenzó la que se ha dado en llamar Guerra de Irak, si bien era intención de sus promotores denominarla “Operación Libertad iraquí”. Cinco años después el pueblo de Irak, diezmado por la muerte de cientos de miles de civiles y cinco millones de desplazados, sufre las consecuencias de una guerra fratricida, y los atentados terroristas causan víctimas mortales a diario.
Mientras tanto sus promotores, incapaces de asumir su fracaso, con las manos manchadas de sangre son capaces de emitir frases “triunfalistas”, insultando a quienes han sido víctimas del mayor genocidio cometido en el mundo desde el exterminio nazi.
Bush, que ha conseguido el objetivo de aumentar la producción petrolífera a niveles previos al comienzo de la guerra, se siente “triunfante” cuando justifica la muerte de cientos de miles de seres humanos para conseguir la que ha denominado “victoria estratégica“.
Jose María Aznar, que ha conseguido hacerse millonario como pago a los servicios prestados apoyando la invasión de Irak, trás mantener que “tomó la decisión correcta” y “volvería a hacerlo“, se atreve a afirmar que la situación en Irak no es “idílica pero es muy buena“.
El objetivo final se ha cumplido: para quienes justifican la invasión y se consideran triunfantes, la muerte de cientos de miles de seres humanos es un mal menor, cuando los pozos petrolíferos se encuentran ya a pleno rendimiento. Y no importa que la guerra continúe si los objetivos económicos ya se han conseguido.
He sentido profunda decepción por una frase vertida por Hilary Clinton para justificar ante sus electores la guerra de Irak, al afirmar que “les hemos regalado la libertad, pero no podemos ganar su guerra civil“. ¿Merece la pena afirmar tal insensatez por un puñado de votos?.
La historia juzgará a los culpables por justificar con mentiras una guerra ilegal. Pero sería mucho más justo juzgarles ante un Tribunal Internacional. ¿No dicen todas las Constituciones que la justicia es igual para todos?. Es el momento de demostrar que es así, y sentar en el banquillo de los acusados a sus promotores.
Se prepara una nueva querella contra José María Aznar, propiciada por la plataforma “Juicio a Aznar”; ¿Algún juez será capaz de aplicar la ley? Lo dudo, pero al menos merece la pena intentarlo de nuevo.
Siendo estudiante universitario me llamó mucho la atención el principio jurídico, explicado en clase de Derecho Civil, de que “los contratos son lo que son y no lo que las partes quieran que sean“; principio que es aplicable también a muchos ciudadanos, y en especial a los políticos, cuando se autodefinen con una concreta ideología, pero practican en su vida diaria una bien distinta. ¿Es liberal Esperanza Aguirre?. Don Federico Jiménez Losantos afirma que sí; pero ella misma ni se lo cree, aunque presuma de serlo. Una persona manipuladora, que no respeta la libertad de los demás y pretende imponer sus criterios a cualquier precio, puede ser cualquier cosa menos liberal. ¿Es liberal Federico Jiménez Losantos?. Evidentemente no, por mucho que se empeñe en hacérnoslo creer. Simplemente es un resentido, que utiliza la injuria y la calumnia para tapar sus propias vergüenzas. ¿Es liberal Pedro J. Ramirez?. Se parece más bien a una veleta que se mueve por los vientos que le son favorables para sus propios intereses; es una persona con complejos, que no compleja, que se ha quedado siempre a medio camino de todo, y ha sido incapaz de hacer algo verdaderamente positivo para nuestro país. Eso sí, ha sido el artífice y máximo defensor de todas las maniobras conspiratorias de los últimos quince; la mentira y la manipulación son sus principales armas para justificar sus argumentos.
Todo viene a cuento a propósito de una desafortunada frase de Jimenez Losantos al afirmar que “el enemigo en el PP son los liberales de Aguirre“.
El liberalismo es un pensamiento filosófico, social, económico y de acción política, que promueve las libertades civiles y el máximo límite al poder coactivo de los gobiernos sobre las personas; se opone a cualquier forma de despotismo y es la doctrina en la que se fundamentan el gobierno representativo y la democracia parlamentaria. El establecimiento y defensa de un Estado de Derecho en el que todas las personas estén sometidas al mismo marco mínimo de leyes es uno de sus objetivos principales.
Estos tres personajes ¿tienen algo que ver con el liberalismo?. Por sus conductas más bien parece que practican un antiliberalismo cuando no respetan las libertades individuales, y sólo creen en el Estado de Derecho cuando les favorece.
Lo menos que les podemos pedir es que no presuman de lo que no son, y que sean coherentes con lo que afirman. Doña Esperanza, Don Federico y Don Pedro forman en este país un trío que practica de todo, menos el liberalismo, y configuran una rancia y casposa derecha ultraconservadora, egocéntrica y autoritaria, en la que sólo respetan a quienes se sometan a sus dictados.