La palabra “tensión” ha entrado con fuerza en la campaña electoral. Y ahora TODOS están en “tensión”, la necesaria para debatir, confrontar ideas, y discrepar con las propuestas de su antagonista. Al menos eso es lo que pretende hoy transmitir Manuel Fontdevila en su historieta gráfica de PUBLICO
Pero Rajoy tiene claro que si pierde no piensa dimitir. Esperará a que lo dimitan. Por cierto, ¿donde están Zaplana y Acebes?, ¿los tienen escondidos?; es todo un misterio.
No estoy muy seguro si veré el debate; pero de hacerlo estaré libreta y bolígrafo en mano tomando apuntes; y tengo previsto publicar mi crónica a las 24 horas.
PÚBLICO viajó con Zapatero el pasado 20 de Febrero; y estuvo en el mitin que protagonizó en Gijón, que pude vivir y disfrutar en directo. Ayer publicó una entrevista, cuya lectura aconsejo.
Hoy Zapatero sube al ring para enfrentarse en un cara a cara con Rajoy; la “tensión” será imprescindible para un debate con contenidos de calidad. Esa misma “tensión”, que no crispación, que tanto se le critica a nuestro Presidente. Pero tengo la sensación de que lo comentado por Gabilondo y Zapatero, en el que éste hace mención a la tensión necesaria, fue intencionadamente filtrado para distraer al PP, y aprovechar el momento para tomar la iniciativa de la campaña.
La campaña ha comenzado tomando la iniciativa el PSOE, y con el despiste y descontrol del PP, a quién se le ha apagado el fichaje “estrella”, y con él la utilización de la economía como tema central del debate.
A pesar de que la oposición debería de ser la principal interesada en un cara a cara entre los dos líderes de los partidos mayoritarios, máxime cuando las encuestas les sitúan en desventaja, el PP NUNCA quiso el debate que tendrá lugar hoy lunes.
Primero quisieron imponer condiciones inaceptables para el PSOE, pretendiendo que solamente las televisiones privadas y más afines a los conservadores (Antena 3 y Tele 5) fuesen las elegidas para transmitir en exclusiva los debates, hurtando tal posibilidad a la televisión pública, que al fin y al cabo es de todos, y su actual director ha sido nombrado por consenso de ambos partidos. Con ello había la doble intención de controlar el debate y favorecer los intereses económicos de las televisiones de mentalidad más conservadora que pensaban también en el negocio. Y no tuvo ningún rubor el defenestrado Pizarro en insinuar que las empresas privadas están siempre para ganar dinero, incluso en un debate entre los candidatos de los principales partidos.
Cuando por consenso el PP acepta que el debate se transmita en abierto para todas las cadenas que así lo decidan, de inmediato Antena 3 y Tele 5 se descuelgan, por una aparente doble motivación: no ven negocio en la transmisión y prefieren hacer la competencia al debate, y con ello colaboran con el PP tratando de minorizar el impacto y la posible audiencia; aunque no desisten de aprovechar su efecto a posteriori.
Con la espantada de Antena 3 y Tele 5 se obtiene una reducción de la previsible cuota de pantalla, aunque sus efectos sean mínimos por cuanto serán muchos millones de ciudadanos los que sigan el debate, y el votante más conservador no se cuestiona el voto, pase lo que pase, y digan lo que digan los candidatos.
Ahora el PP, a través de unas declaraciones de Michavila -asesor personal de Rajoy- durante un corrillo informal con periodistas, y poniendo la venda antes que la herida, reconoce que Rajoy tiene “muy difícil” el debate televisivo, y lo justifica afirmando que Zapatero “es un mal gobernante. pero con telegenia“, ya que “da muy buena imagen en los medios de comunicación“.
Coincido con Michavila en que Rajoy lo tiene “muy difícil“, dado que no solamente tiene que igualar al menos el debate, sino decantarlo claramente a su favor ante el fracaso estrepitoso de Pizarro; pero discrepo en la razón que alegan para justificar la posible derrota: Solbes no es el paradigma de la buena locución ni resulta televisivo, pero transmite coherencia y credibilidad, y eso es lo que van a buscar esta noche los que sigan el debate.
Con sus manifestaciones, el Sr. Michavila ha faltado al respeto a los españoles, al no considerarlos capacitados para analizar los mensajes de ambos líderes y extraer sus propias consecuencias.