Muchos cientos de familias no celebrarán este año la Navidad como consecuencia de la pérdida de un ser querido en un accidente de tráfico, que en muchos casos tienen lugar como consecuencia de las gravísimas imprudencias que muchos ciudadanos cometen a diario en nuestras carreteras. Droga, alcohol, excesos de velocidad, adelantamientos temerarios, son algunas de las causas que motivan la práctica totalidad de los accidentes de tráfico que ocurren en nuestro país.
El pasado fin de semana fueron 20 los fallecidos en nuestras carreteras; y en los dos últimos días han sido 23 las víctimas mortales. Quizás muchas de ellas se dirigían a pasar la Nochebuena con sus familiares más cercanos, y han quedado en el camino.
Todos conocemos el nombre y apellidos de las 4 víctimas mortales de ETA durante los últimos 4 años, y quizás contagiados por los medios de comunicación y algunos políticos llegamos a auto-convencernos de que el terrorismo de ETA es la mayor preocupación que tiene el país. Y nos olvidamos que los accidentes de tráfico también tienen nombre y apellidos, porque solamente nos transmiten datos, cifras estadísticas, declaraciones, estimaciones, pero sin nombres ni apellidos, sin hijos, padres, hermanos o mujer. Y sobre todo, sin biografía, anónimos.
Los accidentes se han instalado en la rutina y en la monotonía de los españoles que asumimos que las tragedias en nuestras carreteras son inevitables, porque su causa es accidental y no intencionada. Pero en muchas ocasiones nos equivocamos con esas apreciaciones, y nuestra pasividad genera nuevas imprudencias.
Y es que muchos accidentes mortales serían evitables, y tienen su origen en un auténtico terrorismo viario que unos pocos, insensibles a cualquier campaña invitando a la prudencia, generan en nuestras carreteras.
Hoy, día de Nochebuena, SInLaVeniA se solidariza con el dolor de cientos de familias anónimas que han perdido recientemente a un ser querido en las carreteras, y pide a todos los conductores prudencia y a las autoridades firmeza para perseguir y sancionar con la máxima dureza a los infractores, único camino posible para reducir el número de accidentes mortales.
Todas las vidas humanas tienen nombre y apellidos, y merecen el mismo respeto, recuerdo y consideración. Y la mejor manera de darnos cuenta de ello es pensar en nosotros mismos, y valorar la pérdida de nuestra propia vida.