En la costa Norte de Marruecos, a escasos 20 minutos de Tánger, el viajero se encuentra con ASILAH, pequeña localidad marinera con especial encanto y muy acogedora. Para los ojos del visitante, Asilah se presenta como un verdadero rincón de luz. Y es que la luminosidad del cielo, en su esplendor, hace brillar los colores blancos y azules de sus casas. Así es que se la conoce como la “ciudad blanca”.
La pequeña medina del pueblo, con sus estrechas callejuelas, muy silenciosas durante gran parte del día, invita a transitarlas con plena tranquilidad.
Con el título “Mentiras y mentirosos”, el ex-presidente del gobierno Felipe González ha escrito un artículo publicado en el diario El País, de obligada lectura, que comienza así: “Rectificar es de sabios. Hacerlo a medias cuando las evidencias son tan abrumadoras es quedarse atrapado en la mentira“; con esta frase se está refiriendo a Rajoy cuando se ha querido posicionar en torno a la guerra de Irak tras conocerse las conversaciones “privadas” en el rancho de Texas entre Bush y Aznar.
Rajoy se encuentra atrapado en la mentira; ha aceptado las mentiras de los demás y las asume como propias; miente cuando habla de la guerra de Irak, y miente cuando atribuye mentiras a sus opositores. Le han convertido en un mentiroso compulsivo incapaz de salir del pozo en donde los suyos le han metido.
Faltar a la verdad en forma repetitiva dicen los expertos que es un problema patológico que suele comenzar durante la niñez; ahora comprendemos mejor a los dirigentes del PP, que parecen sufrir una Patología Previa; perdieron el poder por mentir y pretenden recuperarlo utilizando la mentira.
El poeta inglés Alexander Pope define claramente a este tipo de personajes, que curiosamente confluyen en el PP “…el que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido. Porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera…”.
Según los expertos existen tres tipos de personalidad donde se asienta la conducta obsesiva del mentiroso: la psicopática (producto de un delirio), la perversa (como instrumento para falsear hechos y dichos) y la neurótica (quienes lo tienen todo y necesitan de la mentira para llamar la atención).
Sin ser especialista en la materia, me inclino por atribuir las mentiras del PP a la personalidad perversa de sus dirigentes, que se encuentran en un callejón sin salida.