Hace escasos minutos ojeaba el diario El País en una cafetería cercana a mi lugar de trabajo; y mientras leía en grandes titulares que los padres de Madeleine iban a contratar para su defensa personal al Abogado de Pinochet utilizando los donativos recaudados tras el “supuesto secuestro” de su hija, al mismo tiempo escuchaba como Antena3 abría sus noticias de las 15,00 horas hablando de los McCann.
Al llegar a la página 14, en la sección Cartas al Director, localicé una carta escrita y enviada por Izaskun Fernández Uribe, cuyo contenido os reproduzco por ser altamente recomendable para analizar la permanente situación de desigualdad que a diario sufre nuestra sociedad, y que refleja el distinto trato que los ciudadanos reciben en razón a su posición social y situación económica:
“Cuando nació mi pequeña sobrina Malen, de eso hace cinco meses, pensé en lo diferente que podía ser su vida de haber nacido en Afganistán, China o Etiopía. Pero he podido constatar últimamente que no es imprescindible venir al mundo en un país conflictivo o subdesarrollado para ser considerado un niño de primera o segunda clase. “El 10 de marzo desapareció Jeremy, un niño canario de siete años, y dos meses después, el día 3 de mayo, desaparece en el Algarve, Maddie, una niña británica de cuatro años. Sin entrar a valorar la culpabilidad o no de los padres, ni en el circo mediático montado en torno a esta última, lo que sí es evidente es el diferente trato dado, en nuestro país en concreto, a una y a otra noticia. Jeremy proviene de una familia humilde que ha contado con el amparo de todo el pueblo canario. La de Maddie es una familia acomodada, que desde el principio contó con el apoyo incondicional de deportistas, escritores, políticos y hasta del Papa. Pero lo que realmente más desazón me causó fue ver la foto en la que el ministro Rubalcaba, haciendo un hueco a su apretada agenda, recibió a los padres de la pequeña desaparecida, en un gesto que le honra, pero que en el caso de Jeremy no se ha dado tal situación. Quizá sea por la imposibilidad de sus padres en costearse los gastos de un viaje a Madrid. Definitiva y lamentablemente parece ser que, dependiendo del poder adquisitivo y estrato social al que pertenezcan unos padres, los niños serán tratados con diferente rasero. Como si el dolor fuera de diferente magnitud en una u otra familia.”
¿Hasta cuando nuestra sociedad va a mantener y permitir está situación de desigualdad con total indiferencia?
Rajoy, con estilo de predicador, ha confirmado ayer ante el partido su “autoproclamación” como candidato del PP a las próximas elecciones generales como una frase de “importante” contenido político: “España tendrá un gobierno como Dios manda“; ante su pérdida de autoridad dentro del partido, y una vez demostrada su absoluta incapacidad para controlar a sus correligionarios, tan solo le queda Dios como esperanza de futuro. También ha manifestado en tono de mitin patriótico que “Puedo formar 50 gobiernos mejores que los del PSOE“; cuando los españoles, ante un improbable triunfo del PP, se conformarían con que formase uno sólo, pero sin Zaplana ni Acebes, por decencia política. Y no ha desaprovechado la ocasión para hablar de terrorismo e insinuar que Zapatero es el culpable del inexistente atentado del coche bomba que no ha estallado en Logroño.
Dejando a un lado el sarcasmo y la ironía, y habiendo quedado patente que la democracia interna en el PP resulta inexistente, Rajoy se ha equivocado de nuevo ya que no se soluciona un problema aparentando que no existe. Fraga le ha recordado hace muy pocos días que debe de pensar en su sucesión, y la lucha interna entre Esperanza Aguirre y Gallardón continuará en los próximos meses, aunque traten de disimularla.
Rajoy es un político fracasado, que carece de respaldo popular (lo dicen las encuestas), y no puede intentar transmitir a los españoles autoridad cuando es incapaz de mantenerla en su propio partido. Sus días están contados, y lo sabe muy bien, aunque tratará de jugar su última partida. Y no sabemos en qué medida quienes le pretenden suceder se esfuercen en que el PP consiga un triunfo electoral, cuando de producirse verían anuladas o mermadas sus aspiraciones a corto/medio plazo.
Nos esperan unos meses muy interesantes, con muchos movimientos por parte de los dirigentes del PP tratando de posicionarse. Lo que sí parece evidente es que Rodrigo Rato no volverá a la política activa; no aspira a seguir ocupando un segundo lugar y quizás no considere que es el mejor momento ante la previsible crísis económica que se avecina.
Hemos echado en falta el anuncio de los nuevos fichajes del PP que tanto prometía Rajoy el pasado mes de Julio. Y no creemos que se estuviese refiriendo a Juan Costa, a quién ha nombrado coordinador del programa electoral; un político formado en Castellón bajo la tutela de Carlos Fabra, y que padece “pérdidas de memoria” no parece ser la persona más recomendable para que organice nuestro futuro; pero de este personaje hablaremos otro día.