LA LEY DE DEPENDENCIA NO ES LA SOLUCION
Reconozco que los esfuerzos de José Luis Rodríguez Zapatero y de cuantos políticos de una u otra manera han contribuido a la eleboración, aprobación y desarrollo de la Ley de Dependencia; y resulta evidente que es mejor una ley insuficiente que su inexistencia. Se ha dado un paso importante, y debe reconocerse; pero no debemos de quedarnos aquí, y es preciso modificar y rectificar su contenido en lo necesario, y adoptar otras medidas complementarias.
Aunque, en cualquier caso, la Ley de Dependencia no es la solución:
-1º) El esfuerzo económico para ayudar directamente a los dependientes es claramente insuficiente, y si alguién lo duda que se lo pregunten a las grandes multinacionales que se dedican a inventar y fabricar todo tipo de artilugios para “facilitar” la vida a los dependientes, para venderlos en el mercado a precios inalcanzables. ¿Alguién estaría de acuerdo en que para fomentar la lectura sería preciso vender los libros con un recargo de un 400%?; pues eso ocurre en el mundo de los dependientes.
-2º) Las residencias no son la solución para los dependientes, sino su marginación de la sociedad en la que viven. Quienes gozan de independencia se permiten el lujo de decidir los destinos de quienes, por una u otra circunstancia, no pueden depender de si mismos, y precisan la ayuda de otra persona; y lo hacen aislándolos de la sociedad, marginándolos mediante la “integración” en residencias. Es una forma retrógada de impartir caridad y “limpiar” sus conciencias.
El 16 de mayo de 2005 acudimos a una concentración en Valladolid, organizada por el Foro de Vida Independiente, para denunciar la marginación que sufren las personas dependientes, a quienes no se les permite decidir su destino. Bajo el lema “Nada sobre nosotros sin nosotros” , por la mañana se celebró una conferencia, a la que estaban invitadas TODAS las autoridades y numerosas asociaciones, pero SOLO compareció un concejal de IU; el resto de los invitados, tenían cosas más importantes que hacer. Por la tarde, como acto lúdico, tuvo lugar el encierro de varios participantes en una jaula. Se trataba de denunciar el aislamiento social que sufren, y su previsible futuro con el desarrollo de la Ley de Dependencia: el encierro en una residencia, como fórmula adecuada para marginarles de la sociedad en la que viven.

Han pasado dos años desde entonces y la situación de los dependientes parece no haber cambiado, a pesar de la entrada en vigor de la Ley de Dependencia. Cada vez estoy más convencido que la la solución no está en los legisladores sino en la sociedad; es un problema de falta de sensibilidad individual y colectiva; mientras los ciudadanos no nos percatemos de que todos somos iguales, que todos tenemos los mismo derechos, y que la marginación no es la solución para resolver el problema, la situación no cambiará. ¿Es tan difícil dejar de pensar sólo en nosotros mismos, y dedicar algunos minutos de nuestro tiempo en pensar en los demás? Todos saldríamos ganando, incluso los que ahora nos sentimos independientes y podríamos dejar de serlo en el futuro.
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