Falta información, y la que se conoce es confusa, pero de lo que no existe duda, porque él mismo lo ha reconocido, es que Fernando Alonso ha entregado a la FIA los correos privados, cuyo contenido ha permitido revisar el caso de espionaje de Mclaren a Ferrari. Parece ser que fue presionado, y tomó la decisión ante las amenazas de ser sancionado por tres años, lo que posiblemente sería el fin de su carrera “deportiva”.
No tenía obligación de hacerlo; dice que lo hizo bajo presión, pero estoy convencido de que en su decisión primaron sus intereses personales por encima de los económicos y deportivos del equipo que le paga, y muy bien, todos los meses. Alonso me ha defraudado como persona y como deportista. En su vehículo se siente incómodo porque se está empezando a dar cuenta de que puede que no sea el mejor, y su orgullo y egocentrismo le impide disimular que no sabe perder, se le nota mucho, en exceso. En lo personal ha traicionado y ha sido desleal con quienes le están dando de comer.
Fernando Alonso en muy pocos años ha pasado de ser un ídolo de masas a convertirse en un personaje ambicioso y envidioso poco fiable. No tengo ninguna duda de que a cambio de la entrega de los correos privados la FIA le habrá prometido una amnistía a nivel personal, o un castigo simbólico; de no ser así no tendría sentido que los hubiese entregado para evitar una posible sanción. Por lo que podemos pensar que una previsible dura condena a McLaren debilitaría a su actual equipo, facilitaría su marcha, y podría salir indemne en lo deportivo, que es lo que le preocupa; pero en lo personal se ha convertido en un personaje desleal y poco fiable, y eso no se recupera fácilmente.
Soy asturiano como Fernando Alonso, pero mi nacionalismo no me ciega. Lo triste es que los intereses económicos que mueven los hilos de los deportes de élite impiden que quienes viven a su alrededor sean incapaces de opinar libremente.
Un graffitero ha sido absuelto por el Juzgado de Instrucción número 2 de Salamanca, al no considerarse delito contra el patrimonio el haber pintado un graffiti el pasado 25 de Enero en el Parque Wüzburg; el argumento principal para justificar su resolución se basa en que la acción de pintar un graffiti podría no suponer un deslucimiento ya que se trata de una actividad muy parecida a la de Agustín Ibarrola, considerado como uno de los artistas vascos más importantes por sus pinturas sobre árboles y piedras. Es muy gratificante que el sentido común y artístico se refleje en una sentencia judicial, cuyo fallo comparto plenamente.
En Llanes (Asturias), con “Los Cubos de la Memoria” se expone en los bloques de hormigón de su puerto pesquero una de las obras más importantes de Agustín Ibarrola; es importante también destacar la obra que se ubica en el “Bosque de Oma“, que tuve ocasión de visitar hace dos años; pero lo que muy pocos saben es que precisamente en Salamanca se ubica “El Bosque Encantado“, cuya obra se realizó con la supervisión y colaboración de Ibarrola.
La noticia ha abierto el debate: ¿es un arte el graffiti?. www.20minutos.es mantiene una encuesta sobre este interrogante; a la 2,30 horas del 8/9/2007, cuando escribo esta entrada, 927 personas habían votado y el 57% lo consideran un arte. Parece que la sensibilidad del ciudadano para apreciar las obras “anónimas” que decoran nuestras ciudades se agudiza positivamente.
La historia confirma que Juan Carlos I jugó un papel de extraordinaria importancia durante la época de la transición, y a él le debemos en parte la consolidación de la democracia. Franco le designó su sucesor creyendo que seguiría su trayectoria, y afortunadamente se equivocó.
Me considero republicano, pero al mismo tiempo he respetado, como necesidad temporal, la permanencia de la monarquía. Durante los gobiernos de Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo el protagonismo de Juan Carlos I fue de extraordinaria importancia, y mereció el respeto de la práctica totalidad de los españoles. Aunque algunos han cuestionado su papel en el 23F, recuerdo su aparición en TVE a las 12 de la noche, que nos dió tranquilidad a todos los demócratas cuando aún estaba ocupado el Congreso por el teniente Coronel Tejero, contribuyendo al fracaso del intento de golpe de estado; aunque es posible que la fuerte personalidad del desaparecido General Sáenz de Santamaría fuera determinante para influir en el posicionamiento definitivo de Juan Carlos I.
Durante los gobiernos de Felipe González, con el que mantuvo una innegable buena relación personal, el protagonismo de Juan Carlos I en la sociedad española apenas sufrió deterioro. Pero con la llegada de José María Aznar, el comportamiento fascista de éste hizo perder protagonismo a la monarquía, que ya no se recuperó, quizás porque con el tiempo se hizo innecesario.
Actualmente la posición de Juan Carlos I es testimonial, y la monarquía ha perdido su razón de ser; hasta el punto de que las permanentes vacaciones de la familia real, para descansar de un trabajo que nadie conoce, son un mal ejemplo para los españoles, y el coste del mantenimiento de una familia cada vez más numerosa puede llegar a hacerse insoportable.
Debemos de poner fecha de caducidad a la monarquía. Propongo restaurar la república; y cuanto antes mejor. El debate está abierto y los españoles somos lo suficientemente maduros para prescindir de la monarquía, una vez que se ha comprobado que ya no juega ningún papel en nuestra sociedad, y tan sólo adquiere protagonismo en la prensa y programas del corazón.