El PP sufre una crisis evidente de liderazgo; parece obvio que Rajoy es un político a sustituir a corto o medio plazo; los movimientos internos del partido cuestionan su continuidad y las encuestas publicadas en los últimos días en los diario El Mundo y El Pais evidencian que los españoles le relegan a un tercer lugar en el orden de preferencia, por lo que tan solo le puede salvar una muy dificil victoria, aunque no imposible, en las próximas elecciones generales.
Pero Gallardon, a quien tenemos la costumbre de elevar a los altares cada vez que hace un movimiento estratégico y provoca una crisis interna en el PP, no es lo que parece. No lo es porque carece de personalidad suficiente para imponerse ante el partido, y se pliega ante las críticas de los compañeros más conservadores; y en la última reunión del PP parece ser que incluso ha pedido disculpas ante sus compañeros, alegando que no abrió ninguna polémica sobre las listas electoras porque ese debate “no existe en el PP”. Se retracta, dice no haber afirmado lo que manifestó, y en definitiva se somete de nuevo a las directrices de la ultraderecha que gobierna el principal partido de la oposición.
Con su cobardia Gallardon pierde crédito ante quienes creían en él, y ha malgastado una de sus últimas oportunidades. Acebes, Zaplana y Esperanza Aguirre son conscientes de que si se posiciona como posible lider futuro del PP sus días están contados en la dirección del partido, dadas las posturas antagónicas e irreconciliables; pero le han tomado la medida, muerden su yugular cada vez que se pronuncia sobre su futuro, y saben que con ello le neutralizan. Y un político que aspira a todo no puede quedarse siempre a medias; con ello su posición se deteriora paulatinamente, y sus aspiraciones futuras se debilitan con el tiempo.
Gallardon se puede convertir en el “tonto útil del PSOE”; y ello es consecuencia de su falta de personalidad, definitivamente demostrada.
Las vacaciones no solamente sirven para descansar de las tareas cotidianas que realizamos durante todo el año, sino que también tienen como misión limpiar temporalmente nuestra mentes de lo anormalmente cotidiano. Dejar de ver la televisión, no leer los periódicos, o alejarnos de la crispación en la que vive nuestra sociedad nos permite desintoxicarnos de las agresiones de las que somos víctimas durante todo el año.
Y cuando creemos que el mundo es distinto nos toca volver y contemplar lo decepcionante que en muchas ocasiones puede resultar nuestra vida cotidiana. Al reincorporarnos comprobamos que todo sigue anormalmente igual: los políticos siguen repitiendo lo mismo sin darse cuenta que cada vez se alejan más de la sociedad de la que pretenden alimentarse; los medios de comunicación continúan contando las verdades a medias o desfigurando todo cuanto es noticia en interés propio; la televisión basura se propaga como la peste y cada vez son más frecuentes los programas que “triunfan” utilizando la mentira o la descalificacion como formula para obtener pingües beneficios; los especuladores siguen especulando; el aumento desmesurado de los intereses hipotecarios hacen peligrar la economía de muchas familias españolas; en Irak siguen muriendo seres humanos inocentes mientras que los genocidas deciden nuestros destinos… Nada ha cambiado, nos sentimos extraños por unos días, pero pronto nos acostumbramos de nuevo a lo anormalmente cotidiano.
Pero no está de más recordarlo, y ser críticos con lo que no nos gustan. Yo trato de de hacerlo a diario, y con ello me siento mejor.
La fotografía se hace partir de la luz; con ausencia de luz no podemos captar una imagen con la cámara. El elemento determinante de la aparición del color es la luz. Pero el color no tiene existencia material, es apenas una sensación producida en ciertas organizaciones nerviosas por la acción de la luz sobre el órgano de la visión; su aparición está condicionada a la existencia de dos elementos: la luz (actuando como estímulo), y el ojo (aparato receptor). Bastan tres colores (rojo, verde y azul) para obtener todos los demás mediante superposiciones.
Se dice que los colores menos saturados transmiten sensaciones tranquilas y suaves y por el contrario los colores más saturados transmiten tensión. Pero no estoy muy de acuerdo con esta teoría; me gustan los colores saturados, que me transmiten fuerza, energía, optimismo…. y en fotografía trato de obtenerlos, sin exagerarlos; aunque mi congénito daltonismo en muchas ocasiones me puede jugar una mala pasada.
Las fotografias que expongo a continuación son fragmentos aislados de la obra pictórica de Agustín Ibarrola, denominada “Los Cubos de la Memoria”, que cubre los bloques de hormigón que forman la escollera del puerto de Llanes (Asturias); en mis galerias de www.fotosdeasturias.com podéis visualizar una pequeña muestra de esta importante obra, que su autor considera como la más importante de las que ha realizado.