Según lo previsto, llegamos a las 13 horas a Anib Lodge, un oasis de tranquilidad, situado entre grandes palmeras y arboles gigantes, con una pequeña piscina, y con tan solo 8 habitaciones; es un lugar altamente recomendable, que se ubica en una granja de unas 10.000 hectáreas, sita en el desierto del Kalahari.
Después de una excelente comida, nos preparamos para visitar en un 4×4 las dunas rojas del Kalahari; lo que hicimos durante unas 4 horas, sin salir en ningún momento del terreno que ocupa la granja. Nos llamaron la atención los arboles en los que el pájaro tejedor construye sus nidos, que pueden llegar a medir hasta 5 metros de ancho, y en los que viven cientos de parejas de pájaros
Bajo la sombre de este árbol se cobijaba un pequeño rebaño de ovejas
Y pudimos ver paisajes como este
Así como los primeros springhok
Volvimos de noche, y nos cruzamos con un grupo de cazadores que iban en vehículos provistos de grandes focos para cazar de noche; afortunadamente fue la única ocasión en nuestro viaje en la que pudimos intuir las batidas de caza mayor que se practican en Namibia, y por las que algunos turismos pagan enormes cantidades de dinero por una pieza que ya tienen convenida. Caza “a la carta” que denigra la naturaleza humana, y que constituye un buen negocio para muchos.
A las 6 de la mañana ya estábamos en pie. El cielo estaba totalmente despejado, todavía se podía sentir el frescor del amanecer, y todo ello unido al extraordinario desayuno que nos sirvieron, nos permitió augurar un prometedor comienzo de nuestra aventura. La pensión Christoph resultó muy agradablepara pasar nuestra primera noche, y sus instalaciones invitaban al descanso; pero en el aparcamiento nos esperaba nuestro medio de locomoción, dispuesto para acompañarnos durante los siguientes 16 días
A las 8 de la mañana comenzamos nuestra primera etapa, con destino Mariental, con la intención de llegar para almorzar al Anib Lodge, nuestro lugar de hospedaje, para poder visitar en la tarde el desierto del Kalahari. En el mapa se detalla nuestro trayecto, de unos 300 kilómetros, que tenemos recorrer en unas 5 horas, contando paradas.
Atravesamos la meseta central, que aparece como el gran trofeo del colonialismo. En esta magnífica tierra agrícola, los colonos alemanes y afrikáners que han heredado parte de ella, crean ganado ovino y vacuno en enormes haciendas rurales o cultivan frutas cítricas y hortalizas. Las ciudades se encuentran muy separadas entre sí, y circulamos por la B1, principal arteria vial que une el norte con el sur de Namibia; es una carretera asfaltada que se encuentra en muy buenas condiciones de conservación. Por el camino pueden verse granjas como ésta
Cuando comenzabamos a bordear el desierto del Kalahari, nos hicimos una primera para refrescarnos
Y unos kilómetros antes de llegar a nuestro lugar de destino, decidimos explorar una pista de tierra situada a nuestra izquierda
En donde pudimos contemplar los primeros paisajes del desierto del Kalahari, y sus arenas finas y rojizas