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Como profesional del derecho nunca entendí como una actuación cotidiana de la policía, como es la detención de dos ciudadanos para tomarles declaración por su supuesta intervención en unos hechos delictivos hubiese causado tanto revuelo, máxime cuando se estaba investigando un delito por un intento de agresión al entonces Ministro de Defensa José Bono.
Todos escuchamos por la televisión los graves insultos dirigidos contra el Sr. Bono y pudimos contemplar a través de los distintos medios de comunicación el intento de agresión a un Ministro del Gobierno de España cuando pasaba junto a unos manifestantes que se concentraban para protestar contra la violencia, lo que resulta paradójico. Como resulta chocante que una ciudadana, llamada Antonia de la Cruz, y que resultó ser militante “activa” del PP, utilice una bandera española como arma para agredir a quién no piense como ella; es una situación que pretende reflejar el pensamiento único del Partido Popular.
Los dirigentes del principal partido de la oposición, lejos de condenar –como debía de ser- los intentos de agresión, aprovecharon la oportunidad para lanzar una campaña contra el Gobierno, buscando la justificación en la detención ilegal de los que habían sido víctimas sus militantes. Durante meses el espectáculo dado por el PP fue esperpéntico, hasta el punto de que asustaría al mismísimo Valle-Inclán. Rajoy, en su estilo, llegó a afirmar que las “…dos detenciones políticas…” suponían “..el peor episodio de la historia de la democracia…”; el PP pidió la dimisión del Ministro del Interior y del Delegado del Gobierno; en un Pleno del Parlamento de la Comunidad de Madrid cincuenta diputados populares llegaron a aparecer con esposas de plástico en sus muñecas, ante la hipócrita sonrisa de Esperanza Aguirre que no se abstuvo de utilizar su fácil demagogia cargada de una insultante ignorancia personal; y el coro se completó con el apoyo de mediático de la prensa afín a la ideología ultra-conservadora.
Lo que no nos podíamos imaginar es que lo acontecido, lejos de justificar una profunda investigación por un supuesto delito de atentado cometido contra el Ministro de Defensa, justificase una instrucción penal contra unos policías que se habían limitado a cumplir con su obligación profesional; y mucho menos que la Audiencia Provincial de Madrid, con una actuación sin precedentes, dictase una sentencia de condena contra tres funcionarios públicos, que de inmediato motivó la dimisión del Delegado del Gobierno. Sentencia que la propia Fiscalía llegó a criticar duramente por considerarla, en alguno de sus pronunciamientos, una infracción del principio acusatorio del que deriva una pérdida de imparcialidad del juez, que con su actuación vino a suplementar la acusación del Partido Popular.
Ahora la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, incluso con el apoyo de un Magistrado de tendencia conservadora, casa la sentencia de la Audiencia y absuelve a los tres policías condenados, y todo ello por no haber encontrado indicio alguno de la comisión de los delitos de los que fueron acusados. Aún no se conoce su contenido, que justificará en los próximos día un adecuado análisis, pero se comenta que aceptan las tesis de la Abogacía del Estado y del Ministerio Fiscal, y sostiene que la actuación de los policías se ajustó a la legalidad.
El daño al honor y profesionalidad de los tres policías ahora absueltos es muy difícil de reparar, aunque es previsible su inmediato reingreso en el Cuerpo Nacional de Policía, y quienes dudaron en público de su buen hacer deberían de pedirles disculpas públicamente. No esperamos dimisiones, ya que los políticos de derechas no saben dimitir y son capaces de justificar sus fechorías con unos niveles de hipocresía y cinismo realmente escandalosos. Como afirmó Constantino Méndez, Delegado del Gobierno de Madrid que dimitió tras conocerse la sentencia inicialmente condenatoria, refiriéndose –entre otros- a Esperanza Aguirre “…han demostrado que son unos manipuladores, que crearon una gran infamia, que es gente dispuesta a usar la justicia en su interés y hacer política sin escrúpulos…”. ¿Conseguirá la vuelta de Rodrigo Rato acabar con estas formas de proceder?; de momento todos los dirigentes del PP se muestra expectantes y muy nerviosos por su regreso.
Nueva foto de la serie. Las últimas horas del día permiten obtener las mejores luces, y por ello obtener los mejores y más suaves contrastes. Y es preciso cuidar también la composición: en este caso el objeto principal pasa por dos puntos de atención (situados a la altura de la flor). Queremos igualmente destacar que al utilizarse un teleobjetivo con diafragma abierto se consigue poca profundidad de campo, lo que permite resaltar el enfoque de la flor y el desenfoque del fondo.
Una parte de nuestra sociedad se encuentra muy crispada, y a ello contribuye de forma decisiva el actuar cotidiano del PP, cuyos principales dirigentes pertenecen o están sometidos a los dictámenes de la ultraderecha. La política del principal partido de la oposición pretende crear un clima de permanente enfrentamiento, y utiliza el insulto y la descalificación como método para tener contentos a sus seguidores. Parece evidente que el diálogo con quien no sabe razonar ni respetar a su opositor resulta inútil.
Meditando sobre esta situación, que pretende reabrir heridas ya cicatrizadas recreando el enfrentamiento entre las dos Españas, recordé la canción “Libertad sin ira” del Grupo Jarcha, que se convirtió durante los años de la Transición en un himno no oficial de aquel momento histórico; de hecho fue elegido como el mejor del país en los años 1975 y 1976
Jarcha fue un grupo musical español de Andalucía creado en 1972 por el cantautor conquense Ángel Corpa en Huelva. En sus 25 años de trayectoria (y varios discos) Jarcha combinaba la sensibilidad con temas sociales con el rico patrimonio de la música popular tradicional de Andalucía y del resto de España, además de poner música a poemas de autores como Miguel Hernández, Blas de Otero, Rafael Alberti o Federico García Lorca, entre otros. Durante los años de la Transición, su música reflejaba el sentir de los españoles en unos años en que se pasaba del franquismo a la democracia.
Nueva foto de la serie “flores silvestres”; la foto está tomada a las 21,02 horas del 23/6/2007. La naturaleza está en todas partes, hasta en las cunetas de nuestras carreteras, aunque muchas veces no la vemos. Una ligera diagonal hacía la izquierda le da el toque adecuado a la composición.
Datos de interes:
Camara Canon 5D
Objetivo: zoom 70-200 mm
Focal: 200 mm
Iso: 160
Velocidad: 1/60
Diafragma f/5,6
Cuarta foto de la serie “flores silvestres”, tomada a las 20,57 del 23/6/2007; todas las fotos fueron tomadas entre las flores existentes en una cuneta de una carretera general. Un diafragma 5,6 con un teleobjetivo de 200 mm permite obtener una muy escasa profundidad de campo, con la imagen principal nitida y el fondo totalmente desenfocado.
Datos de interes:
Camara Canon 5D
Objetivo: zoom 70-200 mm
Focal: 200 mm
Iso: 160
Velocidad: 1/80
Diafragma f/5,6
El juez Grande-Marlaska, aprovechando que estaba de guardia en la Audiencia Nacional, ha decidido de oficio investigar el atentado del Líbano. Su decisión en principio es correcta, y tiene su respaldo legal en el artículo 23.4 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, que le permite intervenir en aquellos hechos cometidos por españoles o extranjeros fuera del territorio nacional susceptibles de tipificarse, según la ley penal española, como delito de terrorismo; parece evidente que se ha cometido un delito de terrorismo en una misión de paz y no se trata de un acción de guerra, como más de uno ha pretendido insinuar. No debe de sorprendernos en principio su decisión, y como antecedentes de una situación similar recordamos que el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu investigó de oficio el atentado cometido en Latifiya (Irak) el 29 de Noviembre del 2003, que costó la vida a siete agentes del Centro Nacional de Inteligencia, y cuyas diligencias fueron archivadas el 13 de Febrero del 2004.
Pero el juez Grande-Marlaska pertenece al sector, afortunadamente minoritario, de los “jueces estrella”, y por ello necesita destacar con luz propia en su actuar. Para ello nada mejor que tomar una medida que, aun siendo innecesaria e inoportuna, puede acaparar los titulares de los medios de comunicación, como es la prohibición de incinerar los cuerpos ante la posibilidad de una segunda autopsia. Resulta innecesaria por cuanto no existe duda alguna sobre la causa de las muertes, y tan solo es preciso investigar la autoría del atentado; y nos parece inoportuna ya que prolonga injustificadamente el dolor de los familiares, y es cultivo para las especulaciones de los adictos a la teoría de la conspiración.
En nuestro país los jueces estrella se empeñan en pilotar la imagen de la justicia, transmitiendo a los españoles una idea equivocada de lo que aquella representa; y su afán de protagonismo les impide vivir sin ser noticia. Un juez debe de ser independiente, sin que su predeterminación empañe su imparcialidad. Pero los “jueces estrella” tienden a ser “previsibles” en su actuar, dado que se mueven y tienden a trabajar para su propia galaxia, y con ello pierden la ponderación necesaria en el ejercicio de sus funciones, lo que a su vez motiva que se dude de su imparcialidad.
Es “previsible”, y espero equivocarme por el bien de la justicia, que el juez Grande-Marlaska aproveche la investigación del atentado del Líbano para inmiscuirse en la investigación de los inhibidores de frecuencia, lo que le servirá para seguir siguiendo noticia en los próximos meses y contentar a los más cercanos a su galaxia. Lo triste es que es el mismo juez que, de forma precipitada y sin la debida justificación en su resolución, decretó el archivo de la causa que se seguía por una posible imprudencia de miembros del Ministerio de Defensa en la contratación del Yak 42, que costó la vida a 62 militares españoles cuando volaban desde Afganistán a España, como consecuencia de viajar en un avión que no cumplía con los mínimos exigidos de seguridad, salvando con ello el impresentable actuar de Federico Trillo, por entonces Ministro de Defensa; los familiares de los fallecidos en Turquía, en un comunicado, se preguntan por qué el mismo juez que ha tomado la decisión de actuar de oficio en el atentado del Líbano ha impedido que se investigue el accidente del Yak 42. Me hago la misma pregunta.
Tercera foto de la serie “flores silvestres”. Tomada a las 21,09 del 23/6/2007; es una foto muy parecida a la del día 25 de Junio, pero en horizontal. Es cuestión de gustos